lunes, 23 de noviembre de 2015

" La agricultura enfocada en el clima se presenta como una oportunidad para abordar la seguridad alimentaria de forma integrada "




por: 
Mohamed BakarrEspecialista ambiental sénior del Fondo para el Medio Ambiente Mundial

Seguridad alimentaria frente al medioambiente

Un clima más cálido tendrá efectos directos sobre la industria agrícola. Es por ello que la producción de alimentos no solo necesita ser sostenible sino también “inteligente”, para reducir tanto las emisiones de gases como aumentar la resiliencia de los cambiantes patrones climáticos.

Y al mismo tiempo, de parte de los consumidores, es necesario evitar el desperdicio de alimentos, unas 1.300 millones de toneladas cada año, que causa $750 mil millones de daños al medio ambiente, según cálculos de varias organizaciones.

“La agricultura enfocada en el clima se presenta como una oportunidad para abordar la seguridad alimentaria de forma integrada, con beneficios en adaptación y mitigación de impactos”, asegura Bakarr.

Y esa oportunidad tendría beneficios que se extienden mucho más allá de la pura producción de alimentos. Mayor sostenibilidad y el uso más eficaz de los recursos aumentarán la absorción de carbono, mejorará la salud de los terrenos y suelos, permitirá un manejo más eficaz de las cuencas hidrográficas y permitirá la conservación de la biodiversidad en las zonas agrícolas.

Hambre y pobreza

Pero a pesar de la preocupación por el planeta, hay una verdad que no se puede ocultar: más de 800 millones de personas alrededor del mundo, unos 49 millones de ellos en América Latina, no tienen acceso seguro a los alimentos diarios necesarios para sobrevivir, según la FAO.

El hambre y la malnutrición son el primer riesgo a la salud a nivel mundial y la principal causa de muerte de los niños. Ninguna región está inmune y en América Latina, se calcula que casi 7 millones niños en edad preescolar padecen de desnutrición crónica, la mayoría de comunidades indígenas o afro-descendientes, según el Programa Mundial de Alimentos.

En Latinoamérica, como en todo el mundo, el hambre está vinculada íntimamente con la pobreza. Por lo tanto, no se acabará con el hambre únicamente con mayor producción, también hay que hacer frente a las desigualdades que existen en la región.

“Cuando un hogar desarrolla estrategias contra la inseguridad alimentaria, aquellos con más recursos son los que desarrollan las estrategias más adecuadas,” explica José Cuesta, economista de desarrollo del Banco Mundial, y autor del estudio Alerta sobre el Precio de los alimentos. “Los más pobres venden sus activos productivos, sacan a sus hijos de las escuelas o dejan de comer un tiempo,” agregó.

Un 30% de la población latinoamericana depende en la agricultura para su sustento. Fuertes sequías en los primeros 4 meses de este año ya han impactado gravemente las cosechas en Centroamérica, y a nivel regional casi dos millones se han visto afectados por la inseguridad alimentaria durante el mismo período.

Según Cuesta, en nuestra región, a diferencia de otras partes del mundo, el incremento de la clase media que se ha registrado en la última década puede generar desafíos adicionales a la hora de alimentarnos a todos. “A medida que uno aumenta su nivel socioeconómico, las pérdidas de alimentos tienden a aumentar, algo que los más pobres no pueden permitirse”, afirma.

Malas cosechas provocan además aumentos en el precio de los alimentos, que consecuentemente generan más pobreza. Es un triste panorama para una región que alberga un tercio de las tierras cultivables del mundo, sin embargo lo expertos están de acuerdo en que con gestión adecuada el sector agrícola latinoamericano todavía tiene un gran potencial para alimentar a las próximas generaciones.

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