domingo, 29 de noviembre de 2015

París y el clima


Manuel Gómez Granados.
Del 30 de noviembre al 11 de diciembre París será la capital del mundo. Ahí se celebrará la COP 21, es decir, la 21 Conferencia de las Partes, los 195 países que han ratificado el Convenio Marco de Naciones Unidas Sobre el Cambio Climático. La meta es evitar algo que ya parece muy difícil: que la temperatura a escala global no rebase la marca de los dos grados centígrados por arriba de los promedios que existían antes del inicio de la Revolución Industrial. Eso es importante porque de ello depende que no se pierda más hielo en Groenlandia, Canadá y Rusia y en la Antártida. Lograrlo es muy difícil porque apenas en este noviembre, el 12, la tierra cruzó un umbral que revela nuestra crisis en toda su magnitud: desde ese día, a escala global, existen 401.64 partes por millón de dióxido de carbono en la atmósfera. Ése es un umbral que hacía un millón de años que no cruzábamos y antes de esa época, no lo habíamos cruzado en 25 millones de años. Y, todavía peor, el mes de octubre de este año, resultó ser el más cálido en la historia desde que se lleva el registro de las temperaturas promedio.

Cruzar ese umbral es más grave porque este año ocurre el fenómeno de El Niño, que involucra a toda la costa del Pacífico de América, desde Chile hasta Canadá y cuyos efectos incluyen la pérdida de lluvia en las selvas tropicales, pues caen en el océano. Ello reduce la capacidad de selvas y bosques para absorber el dióxido de carbono, que es importante para no cruzar el primer umbral, el de los dos grados centígrados, y que depende de ser capaces de reducir los gases de efecto invernadero, como el dióxido de carbono.
Las expectativas de los políticos y diplomáticos son muchas. Ellos han pronunciado todo tipo de apoyos para la COP 21. A pesar de ello, los círculos de analistas no comparten ese optimismo. No es que falte evidencia científica, es que hay naciones y empresas que dependen de que se mantenga el actual modelo de desarrollo basado en el petróleo. Se sabe que al menos China, Arabia Saudita, Qatar y otros países que dependen del consumo o de la venta de petróleo muy probablemente descarrilarán la COP 21. México, por ejemplo, insiste en apostar su futuro a la extracción de petróleo, como lo demuestra el abaratamiento de los requisitos para extraer petróleo en el Golfo de México. Sería bueno que en lugar de creer que la COP 21 llegará a un consenso global que evite un incremento irreparable de la temperatura, pudiéramos verla como un momento para que los gobiernos, especialmente los locales, comprendan qué tan importante es no depender de autos y camiones altamente contaminantes para nuestros desplazamientos diarios.
México y América Latina no hemos hecho la tarea. Nuestro “desarrollo urbano” depende del consumo de petróleo que es responsable de la generación de mucho del dióxido de carbono a escala global. Lo que es peor, empresas que uno creía serias y responsables como Volkswagen, mintieron durante muchos años tanto a sus clientes como a las autoridades y contaminaban más de lo que aceptaban. Probablemente no sean los únicos. Necesitamos reducir el uso del auto. Necesitamos reducir el uso de gasolinas, diésel y carbón. Necesitamos nuevos modelos de desarrollo urbano y regional que frenen pronto la generación del dióxido de carbono y sólo lo lograremos con transporte público eficaz y limpio, que desaliente el uso de autos y camiones, tanto de pasajeros como de mercancías. Urge hacerlo ya.

manuelggranados@gmail.com

Enlace: http://www.cronica.com.mx/notas/2015/932927.html

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