domingo, 20 de diciembre de 2015

Pedro y el Reglamento de Tránsito

Manuel Gómez Granados.

Al Gobierno del DF le pasa lo que al pastor del cuento de Pedro y el Lobo. Tantas veces engañó con la historia del ataque de un lobo feroz que cuando llegó el lobo, nadie le creyó. Es una pena, pero se antoja difícil que pudiera ser de otro modo. Tantas veces ha dicho el GDF que nuevas obras (como los segundos pisos o la Supervía) o nuevas reglas para circular resolverían los problemas, sin que la esperada solución se concrete, que ya nadie les cree.

Miguel Ángel Mancera ha acumulado una serie de graves pifias. La más reciente fue el proyecto, afortunadamente cancelado, del Corredor Chapultepec, proyecto contrahecho ya desde sus orígenes que —como otros proyectos todavía vigentes— apuntaba a hacer de la ciudad un territorio más excluyente para la mayoría —más del 60 por ciento— de las personas que carecen de auto.

En el caso concreto del nuevo reglamento de tránsito hay un problema más serio. El instrumento como tal contó con la participación de un número importante de organizaciones civiles y consultores independientes que presionaron por multas severas que desalienten conductas que inducen accidentes y, en algunos casos, daños a la integridad de las personas e incluso su muerte. Las instituciones responsables de que se cumplan las leyes y reglamentos en el DF, están desprestigiadas ya desde tiempos de Arturo Durazo y han hecho poco para mejorar. Ahí está el intento de secuestro en Interlomas cuyos autores eran policías ministeriales del DF, o hechos de sangre, como el ocurrido en la discoteca News Divine en 2008, que han quedado mayormente impunes, como quedó el ingreso de policías del DF a Ciudad Universitaria en noviembre de 2014, mientras Mancera era operado del corazón, sin olvidar la corrupción de todos los días.

Parte del problema es que las multas llegan a ser, en algunos casos, de la totalidad del ingreso mensual de una persona. Eso hace temblar a cualquiera y es peor porque la Ciudad de México carece de un sistema de transporte público confiable, seguro, y pésimas señalizaciones; muchas personas usan auto porque se sienten inseguras en un pesero, sobre todo, al caminar por las calles. Además, los paraderos de estaciones del Metro como Indios Verdes son muladares inmundos; sucios, peligrosos por la cantidad de puestos de ambulantes y semifijos instalados fuera de norma, y los policías sólo sirven para impedir que tal o cual grupo de ambulantes se instalen en los pasillos o entren al metro, pero son incapaces de prevenir asaltos y agresiones contra los pasajeros.

Y es cierto, hay mucha irresponsabilidad de la ciudadanía, falta una gran campaña de educación vial. Hay quienes ya venden, por ejemplo, “pinturas especiales” supuestamente para engañar a los radares; otros, que informan de la ubicación del alcoholímetro o cámaras en Twitter y otras redes sociales, pero todo ello es prueba del problema tan grave de desconfianza y percepción de corrupción que tenemos en las autoridades en México. 

Con el nuevo reglamento de tránsito, Mancera tiene un reto difícil de superar pues la ciudadanía desconfía del personal que supervisa el cumplimiento de estas nuevas normas, pero es una oportunidad para demostrar que la aplicación del reglamento no tendrá fines recaudatorios, que no prevalecerá la corrupción o el favoritismo y que la policía no está contra la ciudadanía. Tendría que agregarse un compromiso serio con un modelo de transporte público que desaliente el uso del auto privado. Eso es lo que no se encuentra, tres años después de su inicio, en las medidas que impulsa el gobierno del DF.

manuelggranados@gmail.com

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