domingo, 10 de enero de 2016

Datos, una clave contra el crimen

Manuel Gómez Granados.

La terrible situación en Morelos hace casi imposible empezar el año con otra cosa que no sea una reflexión seria acerca del grave problema de México como resultado de la ola criminal que, de nueve años para acá, vivimos. No es asunto de partidos. Morelos ha sido gobernado por los tres principales partidos de México y ninguno resuelve el problema de fondo, el que nutre la violencia, que es la desigualdad. Morelos es un estado cuyo crecimiento, cuando lo hubo, ocurrió al “ahí se va”, sin considerar los efectos de la urbanización centrada en el uso de automóviles particulares.

Encima del mal diseño urbano, está la corrupción. Una de las nuevas hipótesis del asesinato de la alcalde de Temixco ubica a empresarios resentidos por la cancelación de contratos como probables responsables del crimen. Pero incluso si no fuera así, la otra hipótesis, la de un ajuste de cuentas entre grupos criminales, es igual de aterradora y ocurre en un contexto en que la pobreza no cede, pues los pobres son más dóciles, y el nepotismo campea y convierte a los gobiernos estatales y municipales en botín de los cercanos a los gobernadores.

Frente a ello, es necesario reconocer que mientras no conozcamos bien el fenómeno criminal no lo podremos resolver. En lo que hace a las consecuencias, el Banco Interamericano de Desarrollo viene publicando materiales acerca del costo del crimen. Señala que en México, el valor de las viviendas en las zonas más pobres, que tienden a ser las más violentas e inseguras, como ocurre en Guerrero o Michoacán, disminuyó 2.5 por ciento entre 2006 y 2011 (datos disponibles enhttp://bit.ly/crimenMEXbid2013). A ese primer costo, hay que agregar otros, también del BID: un homicidio relacionado con el narcotráfico por cada diez mil habitantes implica caídas del dos por ciento en el número de personas que trabajan en el trimestre en que ocurre el crimen y otro tres por ciento en el siguiente trimestre. Ello implica un aumento de 1.5 por ciento en el desempleo, una caída de 0.4 por ciento en el número de propietarios de negocios y de 0.5 por ciento en el de personas auto-empleadas. Cuando se contabilizan los homicidios por cada 100 mil personas, un homicidio a esa tasa genera una disminución del ingreso del orden de 1.2 por ciento anual. El proverbial círculo vicioso, pues.

La mitad de un problema está resuelto cuando se define claramente. Así que la prioridad es clarificar las dimensiones del problema sin maquillar cifras como se hace en varias entidades. La necesidad de medir bien los delitos es importante porque en México tenemos una cifra negra de más de 93 por ciento de todos los delitos, y porque las estadísticas que publica el Secretariado Nacional de Seguridad Pública, SNSP, sólo se reportan a nivel de municipio, de manera que, cuando los gobiernos federal o de los estados dicen que combaten el crimen, en realidad dan palos de ciego.

Podría ser útil no depender del BID para conocer los efectos del crimen. Pero incluso si ello fuera inevitable, la necesidad de estadísticas más precisas, a nivel de colonia, se puede apreciar en la manera en que en Nueva York se publican los datos de criminalidad a escala de barrio (http://bit.ly/crimenNYC2015). Los datos a esa escala permiten entender mejor qué pasa. Además, se pueden consultar libremente en mapas y en bases de datos georreferenciadas. Nada que ver con la presentación de los datos del SNSP que, cuando están disponibles, se presentan en archivos PDF, difíciles de usar para realizar cálculos y análisis más precisos.

manuelggranados@gmail.com

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