domingo, 3 de enero de 2016

La huella del Chapo en Argentina


Manuel Gómez Granados.

En estos días se habla mucho de México en Argentina. Lamentablemente lo que se dice está lejos de ser bueno para México o para Argentina, pues es resultado de la fuga de tres peligrosos delincuentes, narcotraficantes y asesinos, el 27 de diciembre próximo pasado. Los fugados son los hermanos Martín y Cristian Lanatta y Víctor Schillaci. Estos delincuentes habían sido arrestados en 2014 por el asesinato en 2008 de Damián Ferrón, Leopoldo Bina y Sebastián Forza, quienes se dedicaban a la compra y venta de reactivos y sustancias químicas, especialmente de efedrina.


Forza era la víctima más notoria, pues había donado por medio de su empresa farmacéutica Sanford Salud poco más de 60 mil dólares a la primera campaña de Cristina Kirchner a la presidencia en 2007. Junto con Sanford, también donaron a la campaña de la señora Kirchner la empresa Multipharma (poco más de 110 mil dólares) y Globa Pharmacy que aportó cerca de 90 mil dólares. Además de estar hermanadas por sus preferencias políticas, las tres empresas negociaban —entre otras sustancias— con efedrina.

Sus tratos con efedrina y su interés en influir en el resultado de la elección de 2007 eran más notables porque, ya para entonces, se sabía que México prohibiría a partir de 2008 la importación de efedrina. Ese mismo año, por cierto, el 2 de mayo, las señoras María Alejandra López Madrid y Petra Torres fueron detenidas con un cargamento de 20 kilos de efedrina en el aeropuerto de Ezeiza. La señora López Madrid es una de las mujeres con las que Joaquín El Chapo Guzmán ha estado vinculado sentimentalmente. Esos 20 kilos de efedrina son nada cuando se les compara con los 55 mil kilos que, según estimaciones conservadoras, se han importado ilegalmente, desde Argentina a México en los últimos once años.

La fuga de los Lanatta y Schillaci es más importante porque a mediados del año pasado Martín Lanatta declaró que el responsable del asesinato de Ferrón, Bina y Forza era Aníbal Fernández. Fernández era entonces el jefe de gabinete de Cristina Kirchner y candidato del peronismo kirchnerista a gobernador de la provincia de Buenos Aires. La acusación es considerada por algunos observadores como uno de los factores que contribuyeron a la derrota electoral de Fernández.

Por si estos datos no fueran suficientes para preocuparnos, al considerar la manera en que los Lanatta y Schillaci se fugaron existe un número importante de paralelismos con la fuga del Chapo Guzmán del Penal de Puente Grande, Jalisco. Como Puente Grande y Almoloya, el penal de General Alvear en Argentina está considerado de “máxima seguridad” y, como ocurrió con las fugas del Chapo Guzmán, la triple fuga del penal de Alvear sólo fue posible gracias a una red muy compleja de complicidades entre los empleados y directivos del penal y los fugados.

La duda que queda ahora es qué tan profundos son los vínculos que aparentemente existen entre las organizaciones de narcotraficantes argentinos y mexicanos y qué se necesitará para que los gobiernos de los dos países reconozcan el fracaso de las estrategias seguidas hasta ahora para combatir al narcotráfico. Parte del fracaso tiene que ver, desde luego, con los vínculos entre narcotraficantes y políticos. Eso es algo más evidente en el caso argentino porque existe la evidencia de las contribuciones de Forza a la campaña de 2007 de la señora Kirchner. En México, en teoría hemos construido un sistema de financiamiento de los partidos que debería hacernos inmunes a la influencia del narco, pero eso —todos lo sabemos— sólo es así en teoría.

manuelggranados@gmail.com


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