domingo, 7 de febrero de 2016

La constitución de la Ciudad, una oportunidad


Manuel Gómez Granados.

A México le urgen buenas noticias. Buenas noticias en serio, no ocurrencias. Justamente por eso, habría que pensar en la convocatoria al Congreso Constituyente de la Ciudad de México como una oportunidad dorada para construir esas buenas noticias. No será fácil, pues la convocatoria trae vicios de origen; son los vicios de la política mexicana y el peor de sus cánceres: la partidocracia.

A pesar de ello, la posibilidad de redactar un instrumento legal tan importante como una constitución ofrece posibilidades que, si los partidos las saben aprovechar, podrían contribuir a mejorar el ánimo de la sociedad. Esto no será fácil, pues los partidos viven de hace tiempo en una situación de divorcio con sus bases y con la sociedad en su conjunto. El mejor ejemplo de ello fueron el cancelado proyecto del Centro Comercial Chapultepec y el Reglamento de Tránsito. En ambos casos, tanto el Gobierno de la Ciudad de México como la Asamblea del ahora desaparecido DF, mostraron qué tan poco consideran la opinión de los habitantes de la capital. No debería sorprender a las autoridades de la capital que, por ello, la reacción a la promulgación de la reforma política de la Ciudad de México haya sido tan fría y distante y no haya emocionado ni a los militantes de la izquierda capitalina.

¿Qué se necesitaría para que la proclama de la Constitución de la capital no tuviera una recepción así de negativa? Tendría que haber un compromiso muy serio de los partidos de postular como candidatos a sus mejores personas. Si lo que se impone, como suele suceder en México, son las cuotas a grupos, a familias o a ciertos intereses en la integración de las listas de candidatos, la cosa irá mal ya desde el principio. La responsabilidad del Presidente de la República y del Jefe de Gobierno es todavía mayor. Por cosas que sólo ocurren en México, ambos funcionarios podrán nombrar, sin otro filtro que su voluntad, a sendos grupos de constituyentes. Si en esos grupos se imponen —como en otros ámbitos— el amiguismo o el nepotismo, el mensaje será recibido rápida y claramente por una sociedad que está poco dispuesta a tolerar abusos y que ha visto cómo han sido la lealtad en lugar de la capacidad o los lazos familiares en lugar de los méritos profesionales o académicos, los criterios que han dominado, por ejemplo, la integración de las ternas de ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nacional o de magistrados del Tribunal Superior de Justicia. Una responsabilidad similar tendrán las cámaras de Diputados y Senadores del Congreso de la Unión, que también podrán nombrar a un grupo de constituyentes directamente.

Un elemento novedoso en la integración de la Constituyente será el de los ciudadanos que se postulen sin un partido que los respalde. Todavía no se sabe cuántas personas intentarán llegar a la Constituyente por esa vía, pero sería de suponer que habrá personas serias y con conocimiento de la ciudad. Ojalá que cuando se redacte el documento final no prevalezca el voto por consigna y, en cambio, se favorezca una discusión tan abierta como sea posible. Esto es más importante porque la ciudad efectivamente requiere de un marco jurídico que le permita impulsar un modelo de desarrollo sensato, sustentable, que favorezca el uso del transporte público, así como la construcción de espacios públicos donde se fomente una sana convivencia. Ojalá que todos estemos a la altura de las necesidades de la ciudad cuando llegue el momento de postular candidatos y, posteriormente, cuando se vote por ellos.

manuelggranados@gmail.com

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