sábado, 9 de abril de 2016

Días de escándalo, corrupción y contaminación

Manuel Gómez Granados.

En los últimos días, México y el mundo han sufrido los efectos de la publicación de los Panamá Papers, una filtración de documentos que involucra a cientos de figuras públicas de distintos países en complejos esquemas para evadir impuestos. Y para complicar las cosas, la Ciudad de México ha vivido una de sus semanas más difíciles por la acumulación de contaminantes en la atmósfera. Son días difíciles, días de escándalo, que se complican para todos por nuestra dificultad para asumir la responsabilidad de las cosas que hemos hecho mal. Entre las más notables, nuestra responsabilidad para construir un sistema fiscal que beneficia a quienes más tienen, que se manifiesta en el ámbito del desarrollo urbano al dar vida a un modelo centrado en los privilegios dados al 25 por ciento de las personas que se mueven a diario en auto y que nos está matando.

En lo que hace a la filtración de datos del bufete Mossack-Fonseca, estamos apenas en la primera etapa del proceso. Apenas se conocen algunos detalles del alcance de la supuesta evasión fiscal. Un sector, preso de contradicciones y fantasías propias de la Guerra Fría, quiere ver a Vladimir Putin como el mayor damnificado de los Panamá Papers. Es un razonamiento frívolo, que ve a la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos como autora de todo lo que ocurre. Si la CIA fuera tan poderosa, ¿por qué no logra derrotar al Estado Islámico? ¿Por qué el conflicto en Afganistán cumplirá 15 años este año sin visos de solución? ¿Por qué no pudo impedir algunos de los más recientes atentados terroristas? ¿Por qué golpearía a Panamá, aliado histórico de EU, como lo ha hecho?

Lo que es un hecho es que los Panamá Papers son una filtración más robusta que la que tiene a Edward Snowden como fugitivo, o la que llevó a Julian Assange a refugiarse en la embajada de Ecuador en Londres, o la que llevó a Chelsea (antes Bradley) Manning a una prisión militar de EU, y estamos lejos de haber llegado al fondo del escándalo. Como ha sucedido con la FIFA o personajes del mundo artístico, como el director Pedro Almodóvar, poco a poco surgirán más nombres, en el entendido, que Mossack-Fonseca es sólo uno de los bufetes domiciliados en Panamá y otros paraísos fiscales, por lo que tampoco sería creíble que el archivo filtrado de Mossack-Fonseca fuera completamente representativo de todo lo que ocurre en el submundo de la evasión fiscal.

Es importante reconocer que la evasión fiscal que encueran los Panamá Papers está hermanada con los efectos que padecemos por la contaminación gracias a la corrupción. Por ello, no es de sorprender que la respuesta a la filtración de parte de nuestras autoridades haya sido la de siempre: lugares comunes para aparentar un Estado de derecho que sólo existe en la imaginación de algunos, pero nada de fondo. Es la corrupción, por ejemplo, lo que explica la manera en que es posible que una minoría de mexicanos, nuestro uno por ciento, sea capaz de sacar a cuentas en paraísos fiscales, el equivalente a tres veces el monto total de la deuda externa de nuestro país. Del mismo modo que la corrupción explica la manera en que municipios del Estado de México como Atizapán, Izcalli o Tecámac “urbanizaron” terrenos donde no había servicios de ningún tipo, sobre todo, transporte público, pagando “mordidas” a esos municipios. Esa corrupción de distintos ayuntamientos alentó la compra de masiva de automóviles privados, que explica las contingencias que hemos padecido recientemente.

La solución es clara. O se construye transporte público masivo, Metro o Metrobús, especialmente en los municipios mexiquenses o los problemas se agravarán. También debemos frenar las talas criminales como la ocurrida en el Autódromo Hermanos Rodríguez y dejar el infantilismo que hace suponer que sería mejor ignorar los reportes de contaminación y continuar quemando gasolina sin restricciones o que todo se resolvería si Miguel Ángel Mancera renunciara; es un proceder infantil, que a nadie conviene.

Tenemos que aprender a amar el lugar en el que vivimos. La Ciudad de México podría ser un mejor lugar para vivir si dejamos de talar árboles, si apreciamos nuestra historia y protegemos, por ejemplo, los canales de Xochimilco u obras de la cultura mexicana como la antigua Basílica de Guadalupe que, luego de 40 años de abandono, vio restaurado en estos días el reloj monumental de su fachada. Con la restauración del reloj que llegó a México procedente de Alemania en 1931, se cierra la larga restauración de la antigua Basílica y de la construcción de la nueva. Es una de las joyas con las que contamos los mexicanos y valdría la pena atesorarla como deberíamos atesorar los delicados equilibrios ecológicos que hacen posible la vida aquí.

manuelggranados@gmail.com

Enlace: http://www.excelsior.com.mx/opinion/manuel-gomez-granados/2016/04/09/1085473

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