domingo, 17 de abril de 2016

Nueva York en abril


Manuel Gómez Granados.
En dos días, este martes, podríamos asistir a la primera definición importante de las elecciones de Estados Unidos. Es el día que Nueva York vota. Del lado demócrata, será una contienda cerrada y difícil entre Hillary Clinton y Bernie Sanders, mientras que del lado republicano se espera una victoria relativamente fácil para Donald Trump quien, además de la ventaja de haber nacido y vivido siempre en Nueva York, se beneficia  de los errores de Ted Cruz, como su reciente crítica a  lo que él llamó “los valores de Nueva York”. Conviene señalar que en Nueva York, más que en otros estados, es muy clara la indisposición del aparato republicano para apoyar a Trump, de manera que, si gana, no contará con la lealtad de los delegados que se eligen este martes, pues ellos deben su lealtad a los jefes distritales republicanos, más que a los candidatos presidenciales.
En el bando demócrata las cosas están más difíciles de lo que uno podría suponer al ver las encuestas. Las ventajas con las que Hillary Clinton inició, que le daban márgenes de victoria de más de ochenta por ciento, se han diluido. En la encuesta publicada el 12 de abril por la NBC, la señora Clinton tenía una ventaja de sólo doce puntos sobre Sanders, quien ya en ocasiones previas ha remontado ese tipo de ventajas.
Clinton le apuesta a su arraigo en las comunidades de afroamericanos y judíos ortodoxos de Nueva York, mientras que Sanders cuenta, como ha sucedido a lo largo de su campaña, con el apoyo de las personas más jóvenes, además del respaldo en las comunidades del norte de ese estado. Clinton también le apuesta a la amnesia de muchos para que se hable lo menos posible de los millones de dólares que recibe de la industria de los servicios financieros, especialmente de Goldman Sachs, que ha sido tan generosa con la esposa del ex presidente, que ha llegado a pagarle hasta 675 mil dólares por una serie de discursos ante accionistas y directores de ese banco que, sumados a otros discursos ante banqueros, llevaron a que la señora ganara más de once millones de dólares por 51 discursos sólo entre 2014 y 2015.
Bernie Sanders cuenta, además, con la ventaja de que unas horas antes de que los neoyorquinos acudan a las urnas, estará en Roma, en una sesión de la Pontificia Academia de las Ciencias Sociales, donde hablará sobre uno de los temas más cercanos al papa Francisco: la escandalosa desigualdad y los efectos que tiene en la vida de millones de personas. La invitación que el presidente de la Academia, el argentino Marcelo Sánchez Sorondo, extendió a Sanders, cayó como balde de agua fría en la señora Clinton. Ella solamente pudo publicar en Twitter y otras redes fotos de las visitas que en su momento hizo el papa Juan Pablo II a Estados Unidos, en las que la señora aparecía junto con su marido.
Habrá que esperar hasta el martes por la noche para conocer los resultados. Si Clinton logra una victoria contundente, quizás sea el final para Sanders. Si, en cambio, Sanders gana o si pierde por un margen estrecho, entonces la campaña seguirá hasta California, que es de los últimos estados en votar, en el ahora lejano mes de junio. Sanders ha tenido el mérito de cambiar la conversación en la política de EU y de obligar a Clinton a abordar temas que ella no consideraba prioritarios en su campaña, además de devolver la esperanza en la capacidad de la política para resolver problemas.
manuelggranados@gmail.com

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