sábado, 21 de mayo de 2016

Doña Hillary no convence

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Manuel Gómez Granados.

Ya casi se acaba mayo y la temporada de elecciones primarias en Estados Unidos. Lo que queda es la madre de todas las elecciones primarias, las de California y Nueva Jersey, que suelen ser de mero trámite, pero que este año, al menos en el Partido Demócrata, serán las elecciones que definan quién pasa y en qué condiciones a la elección general contra quien probablemente será el candidato presidencial de los republicanos, Donald Trump.

Es cierto, las probabilidades reales de que Bernie Sanders gane la nominación a la señora Clinton son escasas, remotas incluso, pero si la señora pierde California, su unción como candidata presidencial de su partido estará marcada por las mismas dudas que han lisiado toda su campaña: ¿es la mejor opción de los demócratas? ¿Tiene el consenso de los distintos grupos de su partido? ¿Será capaz de derrotar a Trump? A veces, ella misma parece que comprende la debilidad de su candidatura, pues busca apoyos de los republicanos resentidos con Trump, especialmente la familia Bush. Sin embargo, casi al mismo tiempo, favorece que su partido excluya a los simpatizantes de Sanders.

La exclusión siempre es un mal negocio, especialmente cuando ocurre en el interior de un partido político. Casi siempre genera algún tipo de violencia y eso es lo que ha ocurrido en algunas de las convenciones estatales del Partido Demócrata, que son los preludios de la Convención Nacional que el partido de la mula celebrará en Filadelfia del 25 al 28 de julio. Hasta ahora, la mayor confrontación ha ocurrido en Nevada, donde la dirigencia local actuó como lo harían algunos caciques del PRI y quiso designar delegados por aclamación. Gracias a ello, en lugar de votar, los asistentes empezaron a gritarse e insultarse mutuamente.

No tiene sentido regodearse en los detalles de la confrontación. Lo que es un hecho es que el Partido Demócrata llegará muy dividido a la Convención Nacional de julio, que amenaza en seguir los pasos de lo que fue la desastrosa Convención Nacional Demócrata del verano de 1968. En aquel año, la convención demócrata estuvo marcada por los asesinatos de John F. Kennedy en 1963, y Martin Luther King y Robert F. Kennedy en el 68 mismo. La actividad acabó —diríamos en México— como el rosario de Amozoc. Y lo de menos fue la violencia. Lo más grave para Estados Unidos es que la violencia en la convención del Partido Demócrata abrió la puerta al triunfo de Richard Nixon y todo lo que eso representó en la historia contemporánea mundial: el recrudecimiento de la guerra en Vietnam, su expansión a otras áreas de la antigua Indochina, el surgimiento del Khmer Rouge en la actual Kampuchea, y el rosario de golpes de Estado en América Latina y África, tan estériles como innecesarios, patrocinados por el secretario de Estado de Nixon, Henry Kissinger, uno de los héroes de la señora Clinton.

Y no es sólo la violencia en Nevada. Las dos elecciones primarias más recientes, celebradas en Kentucky y Oregon, dejan ver que los demócratas están profundamente divididos. En 2008, la señora Clinton barrió a Obama en Kentucky. Este año apenas obtuvo 200 votos más que Sanders. En Oregon, Sanders ganó con 11 puntos de ventaja. Dado que en ambos estados la asignación de delegados sigue reglas de proporcionalidad, Sanders se queda corto para cantar victoria, pero lo mismo es cierto de Clinton y el asunto es que ella era la “inevitable”.

Es así como se llegará a la elección de California. Con Clinton que no convence y Sanders que anunció, desde principios de este mes, que la convención de Filadelfia será una convención disputada, es decir, abierta en tanto no se ha decidido quién es el candidato demócrata. Es difícil adelantar un pronóstico tanto del desarrollo de las convenciones (la republicana se celebrará en Cleveland del 18 al 21 de julio) como del resultado final de las elecciones de noviembre. Lo cierto es que EU no ha quedado exento de los vientos de cambio que remecen a todo el mundo. En Filipinas ganó Rodrigo Duterte, a quien nadie veía hace un año como un contendiente serio. En Argentina, los doce años de “relato Kirchner” acabaron mal y de malas. En Canadá, Stephen Harper perdió frente a un junior con poca experiencia política. En Venezuela, Maduro fue apaleado en las elecciones legislativas y Evo Morales perdió un refrendo para modificar la Constitución. En España, pronto celebrarán nuevas elecciones para superar el impasse en el que se encuentran desde hace ya casi un año. El sistema político guatemalteco, tan parecido al nuestro por el papel de la corrupción y la impunidad, se ha desmoronado. Todavía no sabemos qué ocurrirá con la posible salida de Gran Bretaña de la Unión Europea. No estaría de más que atendiéramos el viejo refrán: “cuando veas las barbas de tu vecino cortar…”.

manuelggranados@gmail.com

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