domingo, 29 de mayo de 2016

El espejo peruano

Manuel Gómez Granados.

Justo en una semana, mientras los habitantes de doce entidades de la República Mexicana acudiremos a las urnas, en Perú tendrá lugar la segunda vuelta de las elecciones presidenciales. Los candidatos son Keiko, la hija del ex presidente y actual reo Alberto Fujimori, abanderada de Fuerza Popular, y Pedro Pablo Kuczynski, candidato de Peruanos por el Cambio.

Quedaron en el camino candidatos como Verónika Mendoza, líder del Frente Amplio por Justicia, Vida y Libertad, quien era la candidata más joven en la primera vuelta, además de Alfredo Barnechea, y los ex presidentes Alan García y Alejandro Toledo, y otros cuatro candidatos más que estuvieron muy lejos de conseguir los votos necesarios en la primera vuelta, celebrada el 10 de abril de este año.


Kucynzki tiene en su contra ser el más anciano de los candidatos, pues cuenta ya con 77 primaveras en su haber, además de haber sido ministro de Fernando Belaúnde Terry y de Alejandro Toledo, con quien fungió como presidente del Consejo de Ministros. En ambos casos, Kuczynski participó en esos gobiernos tomándose tiempo de sus actividades en el sector privado, donde ha trabajado para empresas como la siderúrgica méxico-argentina-venezolana Ternium, entre otras.


La señora Fujimori sólo cuenta con el apellido y la fama de su padre como el déspota ilustrado que sometió a la guerrilla de Sendero Luminoso, a cambio de crear el imperio de terror que encabezó el siniestro Vladimiro Montesinos como jefe de la policía política del fujimorismo. No está por demás recordar—por cierto—que, una vez acorralado por la justicia peruana, Montesinos reveló que Alberto Fujimori había pagado la educación de sus hijos en universidades de Estados Unidos con recursos no declarados.


Las opciones en Perú están lejos de ser ideales, lo que desmiente mucho de lo que se dice acerca de la segunda vuelta como solución a los males de los regímenes presidenciales, pues incluso si Kuczynski lograra derrotar a la señora Fujimori, Fuerza Popular tiene mayoría en el congreso (39.8 por ciento contra 21 de la agrupación de Kuczynski) pues, a diferencia de lo que ocurre en Francia, donde también las diputaciones se dirimen en segunda vuelta, en Perú, sólo la presidencia se dirime por ese mecanismo. Pero incluso esa mayoría es engañosa. Al frente de Fuerza Popular está Kenji, hermano de Keiko, quien sostiene una amarga disputa con su hermana, que amenaza desde ahora con llevar a Perú a vivir —como otros países de América Latina— una situación de fragilidad institucional que agravará el mal desempeño causado por el colapso de los mercados de materias primas.


La pregunta inevitable es ¿qué lleva a los peruanos a favorecer a Keiko? Es difícil dar una respuesta única, simple. Lo que es un hecho es que —como en otros países de la región— los antiguos partidos peruanos, el APRA de Alan García y el Partido Social Cristiano de Fernando Belaúnde, se han desdibujado. Poco queda de ellos y lo que queda es mayormente el recuerdo de sus errores y excesos. Hay además una visión familista de la política que explica los 12 años de kirchnerismo en Argentina, así como la permanencia de algunos apellidos en la política chilena, colombiana, mexicana y de otros países. Parecería que hemos perdido la capacidad para imaginar mejores futuros y que sólo queda recurrir a la nostalgia para generar un mínimo de confianza. Parecería que nos diera flojera pensar en otras posibilidades que no sea ese pequeño grupo de familias que se presentan como las únicas capaces de gobernar, lo que hace casi imposible perseguir los vicios de la corrupción y el nepotismo.

manuelggranados@gmail.com

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