miércoles, 1 de junio de 2016

Por :Gerardo Honty

El sector agropecuario juega un papel clave en las economías y en las sociedades de América Latina. No solo como producto de exportación, generación de renta y alimentación, sino también en la sostenibilidad social y ambiental de la región. Empleo, seguridad alimentaria, calidad de los suelos, biodiversidad, son algunos de los factores que pueden verse favorecidos o amenazados según las formas de producción y comercialización de los productos agropecuarios.

En los últimos años ha aparecido un nuevo factor de preocupación en el sector:

las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) y el cambio climático. La preocupación principal está centrada en la forma en que el cambio climático está afectando estos rubros productivos: sequías, cambios en los regímenes de precipitaciones, granizadas, aumento de la temperatura, etc.; pero también en la contribución de sus emisiones al propio fenómeno del cambio climático. La mayoría de los países de América Latina ha incorporado legislación o políticas específicas y ha creado mecanismos institucionales para atender la nueva problemática.

Pero el desarrollo agropecuario está además, íntimamente relacionado con otro sector de alta relevancia para el cambio climático: el forestal. La frontera agropecuaria se ha expandido -y seguramente continuará expandiéndose- a costa de los bosques. La pérdida de bosques provoca emisiones de CO2 a la vez que la nueva forestación captura CO2 de la atmósfera. Por esta razón, desde la perspectiva de los análisis sobre cambio climático, estos aspectos se consideran de manera conjunta bajo un gran sector denominado AFOLU, siglas en inglés de Agricultura, Ganadería, Forestación y otros Usos del Suelo.

Las emisiones de GEI del conjunto de actividades AFOLU son muy significativas en América Latina, bastante más de lo que ocurre en la mayoría de las otras regiones del mundo. A nivel global las emisiones provenientes de los sectores Agropecuario y Forestal representan un cuarto de las emisiones globales. Sin embargo en Latinoamérica, este porcentaje supera el 50% y por eso se ha vuelto primordial para la región.
En 2012 las emisiones totales de GEI de América Latina fueron 4,560 MtCO2e[1].

Desagregándolas por rubros, 900 MtCO2e (20%) provinieron de la Agropecuaria mientras que 1,430 MtCO2e (31%) fueron causadas por las emisiones de la deforestación[2]. Los principales gases emitidos por la Agricultura son: el N2O (óxido nitroso) -derivado de la aplicación de fertilizantes sintéticos en la mayoría de los rubros- y el CH4 (metano) originado particularmente en los cultivos de arroz. En el caso de la Ganadería el principal gas es el CH4

(metano) producto de la fermentación entérica del ganado y del estiércol. En el sector forestal el principal gas es el CO2 que se libera a la atmósfera en los casos de corte y fundamentalmente en los procesos de deforestación de los bosques y selvas naturales.

El desarrollo agropecuario de las últimas décadas en la región ha aumentado la frontera ganadera a expensas de los bosques, lo que ha generado no solo mayores emisiones sino que ha favorecido las condiciones para que los impactos locales del cambio climático sean mayores; por ejemplo, que las inundaciones tengan efectos más severos. Por otra parte se han expandido monocultivos agrícolas (particularmente de soja), en muchos casos provocando deforestación por si mismos o como resultado del desplazamiento de la ganadería. Estos monocultivos terminan reduciendo la capacidad adaptativa natural de los ecosistemas agrícolas, contribuyendo también a agravar los efectos del cambio climático.

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