sábado, 18 de junio de 2016

El SNA, nuevo parto de los montes

Manuel Gómez Granados.

Si algo ha distinguido a los políticos mexicanos en las últimas dos décadas ha sido su capacidad para generar expectativas en una sociedad ávida de creer en algo que, sin embargo, al poco tiempo debe admitir que le vieron la cara. Carlos Salinas de Gortari lo hizo cuando convenció a muchos de las virtudes del Tratado de Libre Comercio. Ernesto Zedillo no pudo hacerlo por la manera en que su candidatura resultó de una tragedia agravada por los pleitos de familia detrás del mítico “error de noviembre” o de “error de diciembre”, según quien cuente la historia.

Vicente Fox no tuvo que esforzarse demasiado para construir las expectativas. Su llegada como primer presidente de la transición estuvo cargada con todo tipo de expectativas que, al final del sexenio, terminaron por desinflarse. Con Calderón, la expectativa fue que se necesitaba un gobierno de mano dura que aplacara a los criminales para comprarnos el boleto al primer mundo. Hubo efectivamente un gobierno de mano dura, pero el boleto nunca llegó; se perdió, ahogado en sangre, en algún punto de su gestión.

Con Enrique Peña la gran expectativa era que el PRI iba a sacar al país de la parálisis legislativa e iba a lograr las anheladas reformas que se habían congelado desde 1997, cuando inició el “gobierno dividido”, es decir, un gobierno en el que el Ejecutivo está en manos de un partido y el Legislativo en manos del otro. Algo se avanzó, pero las reformas son tan pobres, que han terminado por ser irrelevantes dadas las nuevas realidades globales, como la reforma energética o por generar más problemas de los que resuelven, como la reforma educativa.

El mejor ejemplo de ello lo tuvimos esta semana con la votación en el Congreso de las medidas que crean el Sistema Nacional Anticorrupción, el SNA, una reforma tan descafeinada y absurda que no logrará sus objetivos. La culpa, si somos honestos, no es sólo del partido en el gobierno y sus satélites, que contribuyeron con el grueso de los votos para sabotear el proyecto. También contó con la entusiasta participación de Legisladores del PAN, el PRD y el grupo parlamentario que teóricamente representa al Partido del Trabajo, pero que —en los hechos— representa al Movimiento de Regeneración Nacional. Todos mostraron su desinterés en resolver el problema más grave que enfrenta México hoy: la corrupción.

El problema está centrado en el mecanismo de “tres de tres” y en la fiscalía anticorrupción. En ambos casos, las iniciativas originales recogían propuestas de organizaciones de la sociedad civil y recomendaciones de organismos internacionales. Son mecanismos que otros países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos utilizan para combatir la corrupción, de modo que no se trataba de experimentos que fueran a poner en peligro al país. A pesar de ello, en ambos casos, lo que se aprobó fueron versiones insuficientes, cojas, de las propuestas originales. El tres de tres quedó desdibujado pues impide la publicidad de las declaraciones de los altos funcionarios de Estado, quienes pueden beneficiarse con el tráfico de influencias y la asignación irregular de contratos y concesiones, y obliga, en cambio, a que los becarios del CONACyT y los empresarios que participen en contratos de obra pública, entre otras personas que no son funcionarios, cumplan con esta obligación. También es motivo de sospecha  que el fiscal anticorrupción será nombrado por el Senado, de modo que desde ahora es posible intuir quienes serán intocables.

En el Senado, los que sabotearon la iniciativa fueron, en el caso del PAN, conocidos participantes de los circuitos del llamado “moche”; otros alegaron razones de inseguridad para no votar; en el caso del PT-Morena, en el Senado la actitud fue más esquiva aún. Optaron por no presentarse a votar y “justificaron” su decisión en la irrelevancia de las propuestas. Según ellos, las leyes vigentes eran suficientes; lo que falta es la voluntad política para aplicarlas y por ello se ausentaron.

Unos y otros se equivocan. Las leyes que tenemos no son suficientes, objetivamente carecen de “dientes”, es decir, de castigos para desalentar actos de corrupción, aunque es cierto que parte del problema es la falta de voluntad política para aplicar las leyes que ya existen, para mejorar las que tenemos o para crear otras.

La última esperanza para evitar el nuevo parto de los montes es que el Presidente de la República vete la iniciativa, ¿Lo hará? Hay 630 mil firmas que avalarían una medida así y, por cierto, Si las 630 mil firmas que avalaban la propuesta original de 3 de 3 no bastaron, y a nuestros políticos les ofenden tanto las movilizaciones callejeras que las quieren prohibir, entonces, ¿qué se necesita para que escuchen lo que se les dice?



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