domingo, 3 de julio de 2016

Producir en lugar de importar



Manuel Gómez Granados.

Aurelio Luna vive en la delegación Magdalena Contreras. Él, como otros agricultores de la Ciudad de México, produce jitomates, acelgas, lechugas, entre otras hortalizas orgánicas. Aunque el monto de lo que produce no le permite competir con grandes productores ni formar parte de las cadenas de abasto de supermercados, ofrece los frutos de la tierra en el mercado de Los Cien, ubicado en el jardín Ramón López Velarde de la delegación Álvaro Obregón. Ahí encuentra a compradores ávidos de consumir productos locales frescos, con una muy baja “huella de carbono”, pues las distancias que recorren de donde se cultivan a las mesas son muy pequeñas, por lo que pagan precios que son atractivos para Aurelio como productor, sin que ello implique que los consumidores deban pagar precios exorbitantes. Los consumidores tienen, además, la garantía de llevar a su mesa alimentos orgánicos.
Este esquema ha sido posible gracias a distintas iniciativas, como el programa de Comercialización de Productos Agrícolas de la Ciudad de México que recientemente impulsa la Secretaria de Desarrollo Rural y Equidad, doña Rosa Icela Rodríguez. El Ing. Javier Martín del Campo, presidente de la Asociación Nacional de Ingenieros Agrónomos de la Universidad Autónoma Metropolitana (ANIA), reconoce el acierto de este programa y es uno de sus promotores.

Una de las ideas básicas de este programa es facilitar la producción local de alimentos, lo que ayuda a preservar las cuencas de agua, reduce los índices de contaminación, protege tierras de uso agrícola de su urbanización, favorece la generación de empleos locales, mejora la calidad de la dieta de los habitantes de las zonas urbanas y, como ya se apuntaba líneas arriba, reduce la contaminación en los centros urbanos, pues los alimentos no deben ser transportados grandes distancias.

Buena parte del éxito a futuro del programa depende de los recursos disponibles para que los agricultores vuelvan a la tierra y la hagan producir, pero también depende de que los consumidores reconozcan las ventajas de consumir hortalizas locales, así como de la disposición que puedan tener los municipios del Estado de México para desarrollar programas similares que nos ayuden a proteger, por ejemplo, la cuenca de Xochimilco-Chalco que es, en la actualidad una de las más contaminadas desde distintos puntos de vista pero es, al mismo tiempo, una de las que ofrece más ventajas, no sólo por su ubicación estratégica, en términos de la distribución de los productos que se pudieran cosechar ahí, también por los efectos adicionales que pudiera tener en la protección de los pocos cuerpos de agua que todavía existen en esa zona.

La protección de esos cuerpos de agua es fundamental para evitar el hundimiento de la ciudad y, sobre todo, para preservar áreas verdes que desempeñan un papel clave para controlar las crecidas tanto de agua durante la época de lluvias, como también los aumentos en los índices de ozono en los meses más cálidos y secos en el valle de Anáhuac.

Se requiere, pues, de una visión amplia, estratégica, que vea más allá de los colores de los partidos y reconozca las ventajas que ofrecen programas como éste de Comercialización de Productos Agrícolas, para incidir en la vida de los productores agropecuarios como de los consumidores. Sería importante que, a escala federal, las autoridades advirtieran las ventajas de programas de este tipo tanto desde la óptica del combate a la pobreza, la promoción del empleo en las zonas urbanas, mejorar la salud al consumir alimentos sanos y alentar la producción agropecuaria que nos evite depender como lo hacemos ahora de la importación de alimentos.

manuelggranados@gmail.com

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