sábado, 27 de agosto de 2016

Tabasco después de las ilusiones

Manuel Gómez Granados.

Juventino es un varón de 59 años. Hasta hace unos días vivía el desasosiego del desempleo luego de haber sido recortado en la tienda en que trabajaba. Su mujer y él sostienen, en su hogar de Paraíso, Tabasco, a cinco hijos que aún los necesitan. Por su parte, Ana es una tabasqueña de 42 años, dedicada a cuidar su hogar y familia.

Como muchos mexicanos nacidos en el siglo XX, Ana y Juventino crecieron convencidos de que los veneros del petróleo que —como dice López Velarde— nos escrituró el diablo, eran garantía de prosperidad. Ni Ana ni Juventino vivieron esa prosperidad petrolera, pero —como muchos tabasqueños— estaban convencidos que el petróleo algo podría resolver.

No fue así. Lo que es más, de un año a la fecha, el espejismo de la prosperidad petrolera se disipó a una velocidad sin precedentes y lo que queda en el Golfo de México, ya desde Coatzacoalcos y en toda la costa de Campeche, es la convicción de que poco quedará de la efímera prosperidad, por lo menos hasta que el precio del barril de crudo regrese a los 80 dólares.

Recientemente, ambos iniciaron una nueva etapa en el desarrollo de sus vidas gracias a la Fundación Estratégica Social de México, AC, que trabaja en el estado de Tabasco, en los municipios de Cárdenas, Paraíso y Centla, en Frontera. Dice Ana: “Aquí en la Fundación mi vida ha cambiado para bien. Los cursos de repostería me han permitido hacer pasteles por pedido y con eso mejoró  mucho mi familia. Yo busco la manera de ganar clientes, aquí en Paraíso un pastel de tienda tiene un precio de $250 y yo los vendo en $160, con eso tengo ganancia y ya me buscan”. Juventino aprovechó los cursos de panadería que ofrece la Fundación y ahora hace pan y lo vende.  

Como Ana y Juventino, otros tabasqueños han aprovechado las oportunidades de capacitación que ofrece la Fundación Estratégica Social, de modo que las personas puedan crear pequeñas oportunidades de desarrollo personal y familiar gracias a iniciativas económicamente viables y que tengan un impacto positivo en sus comunidades, tanto desde una perspectiva social como ambiental.

Este tipo de iniciativas son más importantes ahora que México padece la brutal caída en los precios internacionales del petróleo. Los efectos negativos de esta caída han llegado incluso a las comunidades más apartadas del estado; se nota, a simple vista, en términos de ingreso y actitudes de las personas, pues la de por sí frágil esperanza que había antes de obtener algún empleo en la industria petrolera o las industrias y ramos de servicios asociados a ella prácticamente ha desaparecido.

Una de las mayores paradojas es que Tabasco se haya hecho tan dependiente de los empleos petroleros y, por ello, tan frágil, cuando es claro que se trata de una tierra fértil, bañada por una miríada de ríos y arroyos y bendecida por un clima generoso que permite levantar dos y hasta tres cosechas anuales de algunos productos agrícolas. Y lo que es peor, ahora que la efímera bonanza petrolera se ha esfumado, los índices de inseguridad y violencia se han disparado. Según la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública (ENVIPE) 2015 publicada por el INEGI, se estima que nueve de cada diez tabasqueños se sienten inseguros, además de que seis de cada diez estiman que la inseguridad es el problema más grave, seguido del desempleo y la pobreza. Fueron estos factores los que llevaron a la Fundación a promover iniciativas sustentables, que permitan contener los impactos negativos de la peor crisis en la historia reciente de Tabasco.

La Fundación cuenta con tres centros de desarrollo comunitario ubicados en Cárdenas, Paraíso y Centla, en los cuales las personas aprenden a producir hortalizas y huertos familiares, aprenden a elaborar pan y pasteles y otros productos alimenticios como fruta deshidratada y  mermeladas, incluida la transformación del cacao en chocolate, además de elaborar artesanías. Este tipo de acciones han beneficiado a poco más de tres mil personas, cuando se consideran los efectos multiplicadores de este tipo de iniciativas.

En una perspectiva más amplia, la Fundación lucha por acabar con tres mitos del Tabasco moderno: en Tabasco lanzas una semilla al suelo y crece un árbol; en Tabasco la gente sólo pide regalado y en Tabasco el petróleo acabó con el estado. La Fundación Estratégica cree que para que la tierra sea fértil se debe trabajar. La Fundación sabe que no es la panacea y falta mucho por hacer, y que los tabasqueños no piden regalos; como otras personas, quieren aprender a trabajar. Finalmente, aunque el petróleo es útil, no es la única fuente de riqueza o valor en Tabasco. Hay más qué apreciar como el cacao, la Reserva de la Biósfera de los Pantanos de Centla, la cultura olmeca, la más antigua de América del Norte, su gastronomía y ahora es el momento de aprovecharlos.

manuelggranados@gmail.com

Enlace: http://www.excelsior.com.mx/opinion/manuel-gomez-granados/2016/08/27/1113449

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