lunes, 26 de septiembre de 2016

Clinton vs. Trump, el mundo en vilo

Manuel Gómez Granados.
Este próximo lunes, 26 de septiembre, tendrá lugar en la Universidad Hofstra de Nueva York el primero de tres debates entre Hillary Clinton y Donald Trump como candidatos presidenciales, demócrata y republicano, respectivamente. Que sólo sean ellos dos en el escenario es, ya en sí mismo, engañoso pues, además de ellos, hay otros dos candidatos que tendrán, en mayor medida, un impacto en el resultado final de la elección de noviembre.
Por una parte está la candidata del Partido Verde de EU, la doctora en medicina Jill Stein, una mujer seria, con propuestas inteligentes, que ha logrado atraer las simpatías de algunos de quienes apoyaron a Bernie Sanders en las primarias demócratas, pero se sienten traicionados. Es muy difícil que pueda ganar la elección, pero puede lastimar las oportunidades de triunfo de Clinton. Un buen desempeño de la señora Stein en alguno de los 14 estados en los que no hay una mayoría demócrata o republicana sólida puede hacer que Clinton pierda.
Por otra parte está Gary Johnson. Él fue hasta hace algunos años republicano y, bajo ese estandarte ganó la elección de gobernador de Nuevo México en 1994 y en 2002. Este año es candidato del Partido Libertario, una agrupación de derecha que, a diferencia de los republicanos, carece de una base religiosa. Los libertarios creen en la necesidad de eliminar tanto como sea posible la intervención de los gobiernos, municipales, estatales o federal y, en ese sentido, Johnson es atractivo para un sector del electorado republicano que se siente traicionado aún por las promesas incumplidas de George W. Bush quien, lejos de reducir el tamaño del gobierno federal de EU, lo hizo crecer de manera exorbitante luego de las guerras de Afganistán e Irak. Johnson está lejos de ganar algún estado que no sea Nuevo México, pero —como en el caso de Stein— puede ser un factor que reste votos a Donald Trump en estados en los que Trump no tiene una ventaja sólida, como Arizona.
La elección presidencial en EU es indirecta. Eso implica que cada estado de la Unión vota por delegados al Colegio Electoral. Cada estado elige tantos integrantes como el número de representantes y senadores que ese estado tiene en las dos cámaras del Congreso. La actual configuración de la Cámara baja del Congreso de EU hace que, aunque sea remota la posibilidad, pueda presentarse un empate en el Colegio Electoral, en cuyo caso, la autoridad para nombrar al sucesor de Barack Obama recaería en la Cámara de Representantes, la que está en funciones en la actualidad, no la que se integrará con los resultados de la elección de noviembre, por lo que —en ese caso remoto pero posible— la decisión la tomaría una Cámara controlada por los republicanos.
Estos escenarios en los que normalmente no se piensa se consideran ahora porque no hay un ganador claro. Hay al menos 14 estados considerados como “indecisos” (swing) o “de volado” (toss-up). Los más notables este año son Michigan, Pennsylvania y Florida. Este último, conviene recordarlo, resolvió de manera desgarradora para el demócrata Al Gore la elección de 2000. A estos estados “de volado”, habría que agregar (entre otros) Iowa, Ohio e incluso Colorado, que era tan demócrata hace un par de años, que legalizó el consumo de la mariguana con fines recreativos con relativa facilidad.
Conviene tener en mente que las encuestas sobre el voto nacional son sumamente engañosas en EU y esa condición se ha agravado este año por varios factores. El más notable, la manera como la señora Clinton ha desperdiciado la ventaja con la que arrancó. Demasiados errores y mentiras han terminado por ponerla contra la pared. Además, está el delicado problema de los cambios en la manera en que las personas se comunican. Si hace 20 años hacer una encuesta telefónica en EU daba una cierta garantía por la cobertura que las líneas de teléfono tradicional lograron en aquel país en los ochenta y noventa, las últimas dos décadas ha surgido un modelo de comunicación centrada en el celular, que ha arrasado con las encuestas telefónicas, incluso cuando se usan celulares, pues esos números no están vinculados a un código postal que permita saber qué tan representativa es la opinión de la persona que usa ese número.
El otro factor es la furia que mueve a los electores de Trump, que parece que ni la señora Clinton, ni Barack Obama ni muchos de los encuestadores de EU han logrado calibrar. Es por ello que un resultado como el del Brexit en Reino Unido, no es —en modo alguno— imposible; de hecho, los paralelismos entre la elección británica y la estadunidense de este año son preocupantes. Por el bien de México, ojalá que la señora Clinton tenga pasado mañana un buen desempeño y su otoño sea mejor que su verano.

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