domingo, 11 de septiembre de 2016

El reto de Miranda



Manuel Gómez Granados.

La política social es una de las principales damnificadas de la visita de Donald Trump a México. La decisión de nombrar a Luis Miranda como reemplazo de José Antonio Meade en la Secretaría de Desarrollo Social plantea todo tipo de dudas acerca del futuro de la política social del gobierno federal. Además, el nombramiento ocurrió justo el día que inició, de manera formal, el proceso electoral 2016-7 en el Estado de México, entidad que será más importante que nunca para el actual grupo en el poder.

Miranda podría despejar las dudas acerca de su desempeño si hiciera algunas cosas. Podría, por ejemplo, despartidizar el desempeño de Sedesol, al evitar que la asignación de los de por sí magros recursos de los programas sociales a su cargo, dependa de su buen humor o de sus conocidas preferencias electorales.

Podría hacer que nos equivocáramos si, por ejemplo, los recursos de los programas sociales dieran prioridad a romper con los círculos de dependencia y postración de las comunidades rurales que los necesitan para sobrevivir. Podría invalidar los pronósticos negativos si, por ejemplo, los recursos de la Cruzada Nacional contra el Hambre sirvieran también para alentar la producción de alimentos en las comunidades, rurales o urbanas.

Miranda podría desmentir a quienes dudan de él si, por ejemplo, los recursos de la Sedesol se destinaran a favorecer modelos de desarrollo regional, que alentaran la capacitación para el trabajo, que desalentaran el que los jóvenes opten por convertirse en mulas, halcones o incluso matones de los grupos de criminales organizados que asuelan el territorio nacional.

Podría despejar las dudas sobre el futuro de la política de desarrollo social si, por ejemplo, los dineros a su disposición se transfieren a programas que facilitaran la movilidad, el transporte, de las personas más pobres, cuyas oportunidades son menores por estar aislados de la educación, la salud, los empleos, las actividades culturales. Podría incluso, en colaboración con las Secretarías de Educación Pública o de Cultura, promover actividades que reconstruyeran la identidad de las comunidades más básicas, los pueblos, barrios y municipios, y restablecieran o construyeran el tejido social en las zonas urbanas y rurales afectadas por los altos índices de pobreza que padecemos.

Luis Miranda podría probar que su prioridad no es conservar el control del Estado de México a como dé lugar si, al asignar los recursos para el 2017, da prioridad al combate a la pobreza y no permite que la política social se tergiverse. Si como muchos dicen, lo suyo es serle leal al Presidente, debería entender que lo último que necesita el Presidente son nuevas dudas acerca de su papel en el contexto de las próximas campañas. Podría acallar las críticas con un desempeño eficaz, serio, responsable en el nuevo cargo, un desempeño que hiciera que olvidáramos las muchas críticas con que las redes sociales recibieron su nombramiento.

En suma, Miranda podría aprovechar la oportunidad de oro que tiene en sus manos si impulsara la producción regional de alimentos, renovara la infraestructura más básica a escala municipal y acrecentara la oferta de servicios que mejoren la vida de las personas más pobres, replicando rutas probadas en otros países que han logrado erradicar la pobreza.

Tiene dos años para demostrar que no sólo es el más leal de los colaboradores de Enrique Peña Nieto, su amigo desde sus años de preparatoria. Podría probar que todos esos años en el gobierno del Estado de México y el federal, han sido años de aprendizaje y que éste es el momento de ofrecer lo mejor de sí mismo al país desde su nuevo encargo. ¿Lo hará?

manuelggranados@gmail.com

Enlace: http://www.cronica.com.mx/notas/2016/983574.html

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