domingo, 18 de septiembre de 2016

Frontera común, mercado laboral común

Manuel Gómez Granados.

En estos días tan difíciles para la relación entre México y Estados Unidos, un grupo de académicos mexicanos y del país vecino tuvieron la buena idea de publicar un texto en el que trazan, de manera realista y sensata, tanto las coordenadas actuales de la relación, de la que tanto dependemos mutuamente en la actualidad, como una ruta de lo que sería deseable que ambos países lográramos en el futuro de mediano y corto plazo.


El documento, titulado en español Una frontera común, un futuro común (disponible en http://www.cgdev.org/sites/default/files/CGD-shared-border-shared-future-report-es.pdf), elaborado por Ernesto Zedillo, ex presidente de México, Carlos Gutiérrez, ex secretario de Comercio del gobierno de George W. Bush y Michael Clemens, del Center for Global Development, es una buena noticia para México en la actual elección en EU.


El núcleo de la propuesta es dar forma a un acuerdo o convenio en materia laboral entre México y EU, que resuelva los problemas que ambos países enfrentan en la actualidad. México tendría acceso a un mercado laboral más dinámico que el mexicano y EU tendría acceso a mano de obra con distintos grados de calificación que le permitirían sostener su crecimiento y satisfacer necesidades en segmentos del mercado laboral como el de los servicios geriátricos.


El convenio integra un arancel que da preferencia a los trabajadores estadunidenses que deseen optar por un empleo. Este arancel o impuesto que busca limitar los efectos de una eventual abundancia de trabajadores mexicanos, se complementa con una selección previa de los segmentos concretos del mercado laboral que podrían abrirse o no. Es decir, el convenio no afectaría a todos los segmentos o ramas del mercado laboral,  sino sólo a aquellos en los que fuera posible alcanzar acuerdos entre ambos gobiernos. También establece plazos para la apertura o cierre de los segmentos del mercado laboral. De igual modo, considera un sistema de portabilidad de visas, cuyo objetivo es evitar que los trabajadores estén atados a un solo empleador o empresa. También incluye criterios para establecer las certificaciones laborales de modo que se protejan los derechos de los trabajadores de ambos países que están en la base misma del mecanismo para  solicitar el permiso de empleo. También contempla un sistema de “cuenta regresiva”, de manera que las personas que viajen a trabajar en EU tengan incentivos claros y precisos para regresar a México, que es uno de los problemas más graves del modelo de migración que estuvo vigente hasta mediados de la década pasada, pues desarraigaba a las personas y hacía difícil el regreso a sus comunidades de origen.


El documento constituye una respuesta clara, elegante, basada en evidencia empírica comprobable, a las estupideces que Donald Trump y los sectores más reaccionarios de la sociedad estadunidense han dicho en el último año, en el contexto de la campaña electoral de aquel país. Sin embargo, también deja ver qué tan mal equipado está el gobierno de México para responder a los retos de la siempre compleja relación bilateral. ¿Por qué esta iniciativa se presenta en el contexto de la campaña presidencial estadunidense? ¿Por qué las secretarías de Relaciones Exteriores, Economía, Trabajo y Educación de México no se adelantaron con una propuesta similar antes? Nadie lo sabe. Que no sea iniciativa del gobierno mexicano es más preocupante cuando uno considera los nombres de las personas que fueron consultadas para elaborar este documento que son, en su mayoría, mexicanas, así como el daño terrible que el actual gobierno se infligió a sí mismo al invitar a Donald Trump a una reunión que, hasta donde es posible apreciar, no tuvo nunca pies ni cabeza.


manuelggranados@gmail.com

Enlace: http://www.cronica.com.mx/notas/2016/984696.html

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