domingo, 2 de octubre de 2016

La Envipe 2016



Manuel Gómez Granandos.

En estos días, el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática publicó la más reciente edición de la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública, Envipe 2016, uno de los pocos instrumentos que permiten medir con alguna precisión qué ocurre en materia de violencia y criminalidad. No es perfecta, como toda encuesta tiene limitaciones, pero el número de casos que la integran (95 mil 714 viviendas) permite tener un panorama muy completo de cómo afecta la violencia no sólo a quienes contestan directamente la encuesta, sino de la manera en que han sido afectados por hechos de violencia las personas que comparten esas viviendas. Hay que agradecerle a INEGI, por cierto, que en esta encuesta no hayan cometido la tontería que hicieron con el Módulo de Condiciones Socioeconómicas que sirve de base para medir la pobreza en México, de modo que sea posible comparar la información que nos ofrece la Envipe 2016 con las ediciones previas de esta serie.

Lo que Envipe 2016 nos dice, habla de un estancamiento terrible en materia de seguridad pública, atención a las víctimas del delito y, de manera más amplia, acerca de la percepción de seguridad pública: 11.4 millones de hogares afectados por hechos de violencia, lo que representa el 34 por ciento del total de los hogares del país. Ello arroja un total de 23.3 millones de personas, que se dividen de manera casi perfecta entre varones y mujeres víctimas de delitos, para una tasa de 28 mil 202 delitos por cada 100 mil habitantes.



Se registran 29 millones 300 mil delitos, para una tasa de 35 mil 497 delitos por cada 100 mil personas y una cifra negra del delito, los delitos que no se reportan, de 93.7 por ciento. Es decir, las autoridades sólo saben del 6.3 por ciento de todos los delitos, muchos de ellos, robos de celulares, autos o algún otro bien en los que la denuncia es fundamental para hacer efectivos los seguros que cubren esos bienes. Estos datos arrojan una percepción de inseguridad de 72.4 por ciento, es decir, poco más de siete de cada diez personas consideran que el estado en que viven es inseguro.




Al considerar toda la serie, desde 2010 hasta 2015, algo queda claro: la violencia crece imparable. La primera Envipe, en 2010, arrojó 18.2 millones de víctimas. Un año después fueron 18.8; en 2012, fueron 21.6. Para 2013 la cifra fue de 22.5 millones; en 2014, fueron 22.8 y el año pasado, la cifra llegó a 23.3 millones de personas víctimas de algún delito.




La violencia y la percepción de la violencia, están íntimamente vinculadas con otros problemas. La asociación más notable ocurre entre el robo en el transporte público o en la calle que en los últimos dos años ha sido el delito más frecuente en nuestro país con tasas de 11,903 y 9,995 delitos por cada 100 mil personas, respectivamente. Ello deja ver qué tan insegura es la vida de quienes carecen de auto y explica por qué hemos visto crecer el número de vehículos, nuevos o usados, con las consecuencias obvias en materia de contaminación y pérdida de tiempo por embotellamientos. Lo peor de estas cifras es que prácticamente no ha habido cambio en ellas en los últimos años y las autoridades, federales, estatales y municipales parecen tener poco o nulo interés en mejorar, por ejemplo, el servicio de transporte público que —como está— es el mejor comercial para la compra de autos, que también son objeto de atención para la delincuencia, pues el robo de vehículo es el tercer delito más frecuente.



manuelggranados@gmail.com

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