domingo, 27 de noviembre de 2016

La lógica de la misericordia


Manuel Gómez Granados.

Para cerrar el Jubileo de la Misericordia que el Papa convocó a finales de 2015, el obispo de Roma Jorge Mario Bergoglio publicó el 20 de noviembre una exhortación apostólica sobre el tema de la misericordia. Quien quiera ver la lógica del evangelio, encontrará en ese texto, disponible en http://bit.ly/Misericordia2016, las claves de un proyecto pastoral sencillo pero radical, tan radical como Cristo. Es un texto muy claro que sólo pide de sus posibles lectores cambiar  el corazón de piedra por uno de carne, y dejar de lado los legalismos y el fariseísmo que se anida en sectores conservadores, más preocupados por la letra que por el espíritu del evangelio que da vida (2 Cor 3,6) y que, hoy como hace 20 siglos, se pavonean mientras buscan pretextos para excluir, señalar y lastimar a quienes no piensan como ellos.

En dicha carta, Bergoglio formula un profundo resumen de la fe cristiana en el que la misericordia y nuestra capacidad para practicarla con los demás son los elementos clave de nuestra relación con Dios, lo que nos “transforma verdaderamente”, pues “antes que el pecado, tenemos la revelación del amor con el que Dios ha creado el mundo y los seres humanos. El amor es el primer acto con el que Dios se da a conocer y viene a nuestro encuentro. Por tanto, abramos el corazón a la confianza de ser amados por Dios. Su amor nos precede siempre, nos acompaña y permanece junto a nosotros a pesar de nuestros pecados”.

La carta incluye un par de cambios importantes para la Iglesia. Reafirma la iniciativa de las “24 horas para el Señor”, como una práctica destinada a hacer que las diócesis, en las catedrales u otros templos, ofrezcan servicios especiales durante el cuarto domingo de Cuaresma, para que el mayor número de personas pueda participar del sacramento de la confesión. Es también un recordatorio a los obispos y sus colaboradores de lo importante que es imaginar nuevas formas para salir al encuentro de las personas, especialmente en las ciudades en las que la mayoría de los católicos vivimos ahora.

El segundo cambio es la decisión del papa de otorgar a todos los sacerdotes la facultad para perdonar un pecado grave, que forma parte de la realidad de las sociedades actuales como es el aborto. Los fieles ya no deberán buscar a los obispos o penitenciaros para obtener la absolución. Cualquier sacerdote podrá escuchar a quien se arrepienta y desee confesarse y proceder a ofrecer la absolución. El papa no está rebajando la culpa del pecado ni ofrece la gracia barata, de la que hablaba Bonhoeffer, sino que fiel a Cristo, muestra que Dios siempre perdona, si nos arrepentimos de nuestro pecado. 

Ser misericordioso implica ofrecer “la otra mejilla”, por eso el papa extiende a los sacerdotes de la Fraternidad San Pío X la posibilidad de recibir en confesión a cualquier fiel. La historia del papado y esa fraternidad ha estado marcada por desencuentros y abusos de parte de algunos líderes de la fraternidad. Bergoglio les demuestra que su llamado a la reconciliación es sincero al perdonar agravios cometidos por la Fraternidad contra Pablo VI, Juan Pablo II y Benedicto XVI y abre, una vez más, la puerta al diálogo y la reconciliación, que es lo que ofreció también a ortodoxos y luteranos en sus recientes encuentros con los líderes de esas confesiones cristianas.

¡Cuánta falta nos hace en el ámbito personal y en la política nacional un ánimo similar al del papa, que nos permitiera enfrentar, sin resentimientos ni temores, los muchos riesgos que nos rodean!


manuelggranados@gmail.com

Enlace: http://www.cronica.com.mx/notas/2016/997806.html
 

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