domingo, 26 de febrero de 2017

Economía solidaria, la más urgente necesidad


Manuel Gómez Granandos.

La visita de Rex Tillerson, el nuevo secretario de Estado de Estados Unidos, a México, estuvo lejos de ofrecer alguna claridad sobre el futuro de la relación entre ambos países. Todo lo contrario. En el caso de Tillerson como en el de otros funcionarios del gobierno de Donald Trump es claro que hay un abismo insondable, entre lo que el demagogo dice y lo que personas como el secretario Tillerson o el vicepresidente Mike Pence dicen y hacen. Si algo quedó claro es que no hay nada claro en la posición de Trump y que estamos a merced de sus caprichos, pues vive en un universo ajeno a la reflexión acerca de los efectos positivos del comercio global o la migración.

¿Qué hacer? Debemos prepararnos tanto para el retorno de millones personas, como para mejorar la manera en que organizamos los mercados de producción y distribución de alimentos, en el entendido que se trata de resolver varios problemas de manera simultánea.


Por una parte, la dependencia alimentaria, para ya no depender tanto de EU. En segundo lugar, el problema de haber alentado la migración como salida a los problemas del desarrollo. En tercer lugar, dejar de depender de la minería a cielo abierto como una “solución” rápida y barata (en el corto plazo), a pesar de los efectos que tiene, en el largo plazo, en términos de contaminación de suelos y aguas.

Dado el aparente fracaso de la integración comercial a escala global, lo que se impone es recuperar la dimensión más local y autogestiva del desarrollo. Necesitamos una mirada en la que no haya personas descartables, que dependan menos de importar alimentos y menos aún de los caprichos del demagogo que despacha en la Casa Blanca.


La experiencia acumulada en Europa, especialmente en España, Italia y Grecia en los últimos años es útil, pues han aprendido a sobrevivir luego de la crisis de 2007 en un contexto en el que los gobiernos de Madrid, Roma y Atenas o no quieren o no pueden intervenir para ayudar a poblaciones rurales. Destaca, por ejemplo, el trabajo hecho por la Universidad Rural Paulo Freire de España que, en 2013, publicó un documento titulado “Soberanía alimentaria y economía solidaria son inseparables”.


Los autores hacen ver que, para enfrentar este tipo de crisis se requiere un cambio de paradigma que privilegie la producción y el consumo locales, y en el que lo que se produce no dependa de la buena o mala voluntad de la banca comercial o del gobierno que, en muchos sentidos, se han desentendido de los problemas de amplios sectores de las sociedades. Se necesita, en cambio, desarrollar una economía solidaria en la que no se dependa del acceso a los mercados externos, ni obtener financiamiento de la banca comercial.


La idea, como la plantean Raquel Ramírez y otros promotores de la economía solidaria, es “construir relaciones de producción, distribución, consumo y financiación basadas en la justicia, la cooperación, la reciprocidad y la ayuda mutua. Frente al capital y su acumulación, la Economía Solidaria pone a las personas y su trabajo en el centro del sistema económico, otorgando a los mercados un papel instrumental siempre al servicio del bienestar de todas las personas y de la reproducción de la vida en el planeta”.


Es un modelo más realista, que no depende de mercados foráneos abiertos en EU o Europa, mucho más humana y que rompe con la idea de enviar jóvenes a emigrar para que manden remesas que sostengan lo que, a final de cuentas, es una economía inhumana y ficticia.


manuelggranados@gmail.com

Enlace: http://www.cronica.com.mx/notas/2017/1011846.html
 

No hay comentarios:

Publicar un comentario