sábado, 25 de febrero de 2017

Europa, también en riesgo

Manuel Gómez Granandos.

Como si lidiar con los excesos de nuestros políticos y los de Donald Trump no fuera suficiente, los mexicanos también tenemos que estar al pendiente de lo que ocurre en Europa y preocuparnos por lo que podría pasar allá con las elecciones en Alemania, Francia y Holanda, además de tratar de comprender qué podría ocurrir en los próximos meses en Gran Bretaña. 

El caso más intrigante, desde luego, es el británico. A pesar de la apariencia que las élites políticas británicas dieron en la segunda mitad del año pasado de que acatarían, sorda pero comedidamente, el mandato del plebiscito que dispuso la salida de Gran Bretaña de la Unión Europea, la realidad es que no quieren hacerlo. No es sólo que reconozcan que todo empezó como una mala decisión de dos demagogos de la derecha y la extrema derecha británica, Boris Johnson y Nigel Farage. Tampoco es sólo la negativa de Nicola Sturgeon, la primera ministra escocesa, a perder los fondos que la Unión Europea transfiere a esa región de Reino Unido.
Es que los británicos saben que incluso si lograran signar un tratado de libre comercio con EU, las posibilidades de que Londres pudiera seguir siendo la capital financiera de Europa son muy pocas. La situación es tan grave y las ideas para resolverla son tan escasas que Tony Blair, el exprimer ministro laborista, decidió salir del retiro en el que se encontraba hasta hace dos semanas para iniciar una campaña para revertir la Brexit.
Sorprende más que Blair, el parangón del político británico que mide con precisión cada palabra que sale de su boca, use la palabra “rebelión” cuando habla de revertir los efectos de la Brexit. El interés de Blair en ir contra la Brexit llega con un año de retraso, pero —sobre todo— llega en un momento en que la primera ministra Theresa May está muy lejos de cumplir con los requisitos necesarios para que ocurra la Brexit. Más bien, según filtraciones publicadas el miércoles 22 por el diario británico The Telegraph, lo que estaría a punto de ocurrir es un acuerdo por el que la facción del Partido Conservador liderada por May y las facciones leales a Blair y a Jeremy Corbyn en el Partido Laborista, estarían a punto de lograr un acuerdo que permitiría construir una salida medianamente digna al brete creado por el triunfo de Brexit en 2016.
Tristemente, ese tipo de acuerdos no existen, ni hay visos de que se pudieran lograr en el corto plazo en Francia. Allí, la señora Marine Le Pen cabalga la cresta de la ola de su popularidad y la percepción que muchos franceses, tan conservadores e insensatos como ella, de que seguir el ejemplo de los electores estadunidenses al elegir a Trump podría ser una buena idea. Si Le Pen gana en Francia la primera vuelta de las presidenciales del 23 de abril, la posibilidad de que la Unión Europea se desintegre del todo es mucho mayor. Es cierto, el sistema político francés tiene mejores salvaguardas para lidiar con fundamentalistas de derecha como la señora Le Pen, pero el riesgo de un triunfo de Marine Le Pen es alto y, luego de lo ocurrido en 2016, sería preferible no confiarse demasiado.
En Alemania las cosas no están mejor para Angela Merkel, afortunadamente, el riesgo ahí es menor, pues el candidato en punta es el socialdemócrata Martin Schulz, pero sería ingenuo suponer que organizaciones racistas, xenófobas como Pegida (acrónimo de Patriotas Europeos Contra la Islamización del Occidente), camufladas en el Partido Republicano alemán, aceptarán ser espectadores de una elección que podría ser la estocada final en el corazón de la Europa unificada.
En estas dos elecciones, así como en la que ocurrirá en Holanda, donde las posibilidades de una victoria de la derecha xenófoba son escasas, pero no pueden desestimarse del todo, es necesario considerar también el factor ruso: la injerencia de los servicios de espionaje de Vladimir Putin al difundir información y datos falsos para incidir en esas elecciones como lo hicieron en EU para apoyar a Donald Trump.
Para México, los resultados de las elecciones europeas son vitales, si la Unión Europea se desintegra, nuestro país podría perder el tratado de libre comercio negociado a finales de los noventa con el Viejo Continente. Ello haría más difícil cualquier estrategia de diversificación comercial y haría casi inevitable una guerra de aranceles de escala global cuyas consecuencias son difíciles de prever, aunque harían inevitable que México recurriera a mecanismos y políticas proteccionistas que, cuando dominaban, a finales de los sesenta y principios de los setenta del siglo pasado, resolvieron algunos problemas, pero creaban otros, incluido el riesgo permanente de conflictos militares, motivados por los efectos de las políticas proteccionistas y los discursos nacionalistas detrás de ellas.

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