domingo, 12 de marzo de 2017

¿Y si cae Francia?


Manuel Gómez Granados.


Los lodos de las elecciones presidenciales de Estados Unidos y de la llamada Brexit en el Reino Unido todavía no se convierten completamente en polvos, pero ya los mexicanos debemos empezar a preocuparnos por lo que pudiera ocurrir en la elección presidencial francesa. La razón es sencilla, si cae Francia rendida ante la retórica xenofóbica, racista, fundamentalista, de la señora Marine Le Pen, las oportunidades de que la Unión Europea sobreviva son casi nulas. Esa no es una preocupación académica, pues México logró —luego de complicadas negociaciones a mediados de los noventa— firmar un Tratado de Libre Comercio con la Unión Europea que, aunque no ha sido tan útil como quisiéramos, facilita el comercio que existe actualmente entre nuestro país y la UE y nos ayuda con otros acuerdos comerciales, incluido el vapuleado acuerdo comercial con EU y Canadá.
Que la señora Le Pen pudiera ganar es factible porque el gobierno de François Hollande concluye sus cinco años de gestión profundamente debilitado. Tan débil que el propio Hollande sabe que no tiene sentido presentarse a reelección y por eso opta por irse en relativo silencio. Si Hollande no puede ganar su reelección, las probabilidades de que pudiera ganar su partido, el Socialista, son prácticamente nulas. Por ello, desde finales del año pasado, todo mundo le apostaba a que la derecha moderada francesa, la antigua Unión para un Movimiento Popular y actuales Republicanos, pudiera elegir a un candidato presidencial popular, que asegurara suficientes votos en la primera vuelta para forzar una segunda vuelta en la que pudiera derrotar, en coalición con los socialistas, a la señora Le Pen.
La expectativa es que François Fillon fuera ese candidato de la derecha moderada, pero no fue así. Como buen político, Fillon está afectado por escándalos que se han salido de control de modo que, lo que parecía ser, en 2016, una promisoria candidatura, está hoy plagada por tantos problemas que se habla de reemplazarlo cuando estamos a menos de 50 días de la elección del 23 de abril.
Ahora, nadie sabe qué sucederá con su candidatura y tampoco hay claridad sobre si habrá o no una segunda vuelta. En 2012, la señora Le Pen consiguió poco menos del 20 por ciento del total de los votos en la primera vuelta, lo que no le alcanzó para llegar a la segunda, en la que compitieron el ex presidente Nicolás Sarkozy y François Hollande, pero —además de la elección de Donald Trump en Estados Unidos— han pasado cosas muy malas por lo que es difícil asumir que se podrá excluir de nueva cuenta a Le Pen de la segunda vuelta. Además, en 2002 ya hubo un Le Pen en la segunda vuelta. Ese año, el padre de Marine, Jean-Marie, obtuvo 16.8 por ciento de los votos de la primera vuelta y 17.8 por ciento en la segunda, gracias a una coalición de la derecha moderada y los socialistas.
A la vuelta de 15 años, sin embargo, el Frente Nacional de Le Pen cuenta con más cargos de representación y con el miedo de millones que han visto morir personas en Charlie Hebdo o el Bataclán. Le Pen no ha tenido más que repetir viejas fórmulas de su padre para presentarse como una candidata viable y capaz de frenar, a golpe de islamofobia y xenofobia, lo que algunos creen que es una espiral que lleva a Francia al caos. Ojalá que Francia encuentre el modo de frenar a Le Pen. De otro modo, será un golpe que, de este lado del mundo, beneficiará a Trump y su retórica del odio.
manuelggranados@gmail.com

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