miércoles, 19 de febrero de 2020

Hongos para prevenir inflamaciones



Un joven soriano determina que 8 especies de setas comestibles tienen importantes propiedades para ser empleadas como suplementos alimenticios para prevenir procesos inflamatorios . 

Carlos Moro, con una de las muestras de los hongos en el laboratorio del Centro de los Alimentos. 

Los hongos comestibles son fuente de agentes antiinflamatorios naturales y poseen un gran potencial para ser empleados como suplementos alimenticios en la prevención de la inflamación y en especial de la inflamación intestinal. Esta es la principal conclusión que ha extraído Carlos Moro en un trabajo de investigación que ha realizado en el Centro de los Alimentos de Soria, gracias a una beca que le otorgó el Instituto Nacional de Investigación y Tecnología Agraria (INIA). 

El joven doctor en Biología ha estudiado los compuestos fenólicos de ocho especies de hongos comestibles y «los resultados son prometedores porque nos permiten afirmar que pueden emplearse para la prevención de enfermedades inflamatorias, sobre todo para las que son de carácter intestinal», puntualizó Moro, quien avanzó que estas propiedades se han constatado en las ocho especies, pero sobre todo en dos de las estudiadas, el rebozuelo y la trompeta negra. 

El INIA fue el que eligió el tema del trabajo de investigación para el becado y el Centro de los Alimentos de Soria lo enfocó hacia la búsqueda de la actividad antiinflamatoria y antioxidante de los hongos comestibles. Para ello se eligieron ocho especies conocidas, algunas silvestres y otras de cultivo, que fueron el champiñón (agaricus bisporus), boletus (boletus edulis), níscalo (lactarius deliciosus), rebozuelo (cantharellus cibarius), perrochico (calocybe gambosa), marzuelo (hygrophorus marzuolus), trompeta negra (craterellus cornucopioides) y seta de chopo (pleurotus ostreatus). El investigador recordó que se han realizado numerosos estudios sobre la composición y las propiedades de los hongos medicinales «que incluso se emplean en prácticas de medicina natural que están muy desarrolladas en culturas como la asiática», puntualizó. Sin embargo, los estudios sobre las propiedades de las especies comestibles son más incipientes y por ello se decidió realizar esta investigación, en la que se analizaron la composición fenólica de especies comestibles, en algunas de ellas por vez primera, como en el caso del marzuelo y del perrochico. 

Moro recordó que los hongos poseen propiedades nutricionales muy buenas, en lo que se refiere a a proteínas e hidratos de carbono y ello anima a continuar con estudios «para conocer si también gozan de propiedades que puedan ser beneficiosas para las enfermedades». 

La investigación se realizó en los laboratorios del Centro de los Alimentos con muestras de las ocho especies para conocer sus compuestos fenólicos, que son las propiedades funcionales con las que cuentan los alimentos y que tienen efectos en la prevención o el tratamiento de la enfermedades y que están muy presentes en las especies vegetales. Moro recordó que ante la creciente preocupación por la dieta se han realizado numerosas investigaciones en la que se han determinado los efectos terapéuticos del consumo de frutas y verduras, «pero se desconocía en profundidad lo que pasa con los hongos, cuyo consumo cada vez está más extendido». 

Todas las especies de hongos fueron sometidas a un proceso de manipulación. Primero se congelaron para posteriormente pasar a ser desecadas y finalmente transformadas en polvo, que mezclado con metanol permitió extraer los compuestos fenólicos en una muestra líquida. «En todos los hongos observamos que tenían importante presencia de estos compuestos que son importantes para la prevención de enfermedades, entre los que más, el boletus, entre los que menos el marzuelo», dijo Moro. A partir de ahí, el estudio avanzó en el camino que permitió esclarecer qué tipo de compuestos fenólicos eran los que estaban más presentes. Después de las pruebas en laboratorio ‘in vitro’ sobre dos líneas celulares (macrófagos de ratón y una muestra de intestino humano), fueron sometidas a estímulos químicos, y se acreditaron las propiedades antiinflamatorias, sobre todo en el caso de inflamaciones intestinales, por ello se realizaron las pruebas con células de intestino. Los brotes más comunes de estas dolencias son los que se presentan en los enfermos de Crohn o con colitis ulcerosa. De las ocho especies, dos de ellas, el rebozuelo y la trompeta negra, fueron los que mejor respondieron al estímulo antiinflamatorio intestinal, «pero no se tienen que menopreciar las posibilidades que tienen las otras especies».

 La investigación no acredita que por el simple consumo de estos hongos comestibles se reducen las dolencias inflamatorias crónicas, aunque «sí podemos afirmar que los extractos de los hongos como suplementos alimenticios y dentro de una dieta adecuada sí tienen posibilidades para reducir o prevenir las inflamaciones», puntualizó el investigador. En este sentido añadió que su trabajo ha abierto el camino para continuar con esta línea de investigación que resulta de gran interés, porque en los últimos años se está haciendo un importante esfuerzo por encontrar productos naturales que puedan ser utilizados como agentes antiinflamatorios.



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