viernes, 6 de marzo de 2020

Retos y oportunidades de la mujer rural


Las mujeres rurales son hoy en el mundo parte fundamental del desarrollo y clave para la transformación económica, medioambiental y social que requiere el desarrollo de cualquier nación, por lo que “todas y todos debemos asumir el compromiso de reconocer sus contribuciones y sus derechos”, afirma la directora ejecutiva de ONU Mujeres, Phumzile Mlambo-Ngcuka.

Pero además es necesario “apoyar y garantizar el empoderamiento de las mujeres rurales para que puedan reclamar los derechos que merecen y disfrutar plenamente de los beneficios de ese desarrollo”, agrega.

Mlambo-Ngcuka recuerda que estos fueron algunos de los principales objetivos de la IV Conferencia Mundial sobre la Mujer, celebrada por la ONU en 1995 en Beijing, cuando decidió proclamar el Día Internacional de la Mujer Rural y fijó para ello el 15 de octubre.

Sin embargo, a pesar de que las mujeres rurales tienen capacidad suficiente para lograr esos cambios, las condiciones de marginación y desigualdad en que viven limitan aún su acceso a las oportunidades para lograrlo.

Situación interna

En México el Consejo Nacional de Población (Conapo) estima que en las más de 196 mil localidades rurales del país —es decir, aquellas con menos de dos mil 500 habitantes— viven casi 14 millones de mujeres, de las que 8.5 millones residen en Chiapas, Oaxaca. Estado de México y Veracruz.

La mayoría de ellas, indica, enfrenta diferentes situaciones de pobreza, ya que es uno de los grupos sociales más afectados por las crisis alimentarias, la falta de inversión y la ausencia de programas de apoyo para el campo.

La Procuraduría Agraria señala por su parte que la mujer rural está incorporada a los procesos de producción sin contar, en la mayoría de los casos, con los servicios básicos que le ayuden en esas tareas: emplean hasta 16 horas al día produciendo, elaborando, vendiendo, preparando alimentos, recogiendo materiales para combustible y acarreando agua, además de otras labores como el cuidado de los hijos, la familia y animales de traspatio.

Por si fuera poco trabajan en actividades agropecuarias, deshierbe, siembra y cosecha. Se considera entonces que las mujeres rurales tienen una doble o incluso una triple jornada laboral.

A pesar de todo ello, sus ingresos son insuficientes para adquirir los bienes y servicios necesarios para satisfacer sus necesidades básicas.

Las mujeres rurales son un capital humano eficiente y productivo, aunque viven históricamente una triple condición de discriminación: pobreza, marginación y de género.

La doctora María del Carmen Juárez, directora general de Desarrollo Humano y Sustentable del Instituto Nacional de las Mujeres, dice a Vértigo que entre otros factores una de las barreras para el desarrollo de las mujeres rurales es la violencia de pareja que, a diferencia de otras poblaciones, se manifiesta con una menor red de apoyo, “además del abandono derivado de la migración masculina, la falta de capacitación en el trabajo de la tierra y el acceso limitado a recursos productivos y créditos”.

Al respecto cabe señalar que aun cuando la mujer tiene legalmente derecho a la tierra y a la parcela ejidal, en la práctica solo 15% de ellas son titulares.

Participación y desarrollo

Frente a esta situación, el empoderamiento de las mujeres rurales es crucial para erradicar las condiciones de marginación y la negación de oportunidades a las que tienen derecho, comenta a Vértigo la ex diputada federal Eufrosina Cruz.

“Las mujeres rurales tienen un gran potencial para participar en el desarrollo económico, político y social de sus comunidades y regiones, por lo que debemos impulsar políticas públicas que les permitan el acceso equitativo al desarrollo”, señala.

La luchadora por los derechos políticos de la mujer oaxaqueña y promotora de la equidad de género expresa que “hay ya instrumentos legales y ahora el reto es que se apliquen, que no sean letra muerta. Muchas veces no se conocen los derechos, por falta de educación. Y eso va de la mano con la erradicación de la pobreza y la marginación. No solo la del estómago, sino también la de la mente. Porque cuando una comunidad se educa aprende a cuestionar, aprende a exigir; pero lo más importante: aprende a decidir”.

El Senado de la República ha reconocido en diversos foros que la brecha de género en el sector rural es tan grande, que no se ha tenido la condición, la posibilidad y la voluntad política de voltear a ver a esa población. Entonces, ¿por qué conmemorar el Día Internacional de la Mujer Rural?

Retos

La doctora Juárez Toledo, de Inmujeres, dice que el objetivo es reconocer que son agentes clave para conseguir los cambios económicos, ambientales y sociales necesarios para el desarrollo sostenible.

Añade que “para el Estado mexicano esta fecha refrenda la agenda para impulsar el desarrollo de este sector de la población al reunir esfuerzos intersectoriales para impulsar el empoderamiento económico, la oferta a créditos tanto para el ejercicio de sus proyectos productivos, el trabajo a la tierra, así como para adquirir o mejorar la vivienda, la tenencia de la tierra y la garantía al acceso a la educación y a los servicios de salud con calidad”.

Para lograrlo, puntualiza, “el Instituto Nacional de las Mujeres instaló desde marzo de 2014 la Mesa Interinstitucional Mujeres Rurales, Indígenas y Campesinas con el objetivo de establecer las bases de colaboración entre dependencias afines, para que en el ámbito de sus respectivas competencias y dentro de la disponibilidad de recursos humanos y presupuestarios trabajen conjuntamente en el desarrollo humano de las mujeres de estos sectores, teniendo como puntos de partida la identidad jurídica de las mujeres y el acceso a la tenencia de la tierra”.

El senador Fidel Demédecis, a su vez, pone como ejemplo a las mujeres jornaleras de San Quintín: indica que alrededor de la mitad de los jornaleros de la región son mujeres y ellas son las más vulnerables.

“Es un presente desalentador, de desesperanza, de marginación, de abandono por parte del gobierno. Por eso este día es tan importante, como lo es el Día Mundial de la Alimentación (16 de octubre) y el Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza (17 de octubre): son tres fenómenos sociales que van de la mano y tienen que atenderse de manera conjunta”.

Hidalgo, presidente de la Comisión de Desarrollo Rural de la cámara alta, expresa que el tema no debe quedar solo en la conmemoración y el reconocimiento: “El hecho de que se conmemore este día es una oportunidad para que el gobierno voltee los ojos hacia las mujeres del campo para reivindicar sus demandas más fundamentales en cuanto a su jornada de trabajo, prestaciones económicas, seguridad social, un salario digno, entre otras cosas, de las que hoy carecen y que se entienda que son seres humanos que no son tratados como tales”.

El Día Internacional de la Mujer Rural busca así atraer la atención mundial sobre las contribuciones y las preocupaciones de esas mujeres, cuyas situaciones y opiniones son tan a menudo desconocidas.

Para el 15 de octubre, el Inmujeres reunió a líderes de los núcleos agrarios de las 32 entidades federativas para dotarles de herramientas que permitan impulsar el empoderamiento, el acceso, uso y control de la tierra y el manejo sustentable de los recursos naturales y a su vez realizar un intercambio de experiencias de mujeres que fortalezca su liderazgo en los núcleos agrarios.
La mujer rural en México
50.4% de la población rural del país son mujeres.
17.6% de la población rural es indígena.
14 millones de mujeres residen en las 196 mil 350 localidades rurales, menores a dos mil 500 habitantes, que hay en el país; es decir, 11.8% de la población total en 2014.
Las mujeres rurales son 15.4% de la fuerza femenina laboral (más de tres millones).
La población rural femenina se concentra en Veracruz, Chiapas, Oaxaca y el Estado de México.
Las entidades con menor proporción de mujeres rurales son Baja California, con 7.3%; Nuevo León, 5%; y el Distrito Federal, con 0.4 por ciento.
En 2012 casi 8.5 millones de mujeres rurales vivían en condiciones de pobreza.
De las mujeres de tres y más años residentes en localidades rurales, 2.2 millones hablan alguna lengua indígena (17.7 por ciento).
Las lenguas indígenas más habladas por la población femenina en el país son el náhuatl, con 24%; tzeltal, 8.2; mixteco, 8; tzotzil, 7.8; maya, 6.1; y zapoteco, 4.4 por ciento.
Las mujeres rurales trabajan entre doce y 16 horas al día.
46% de las mujeres rurales no tiene ingresos propios.

Fuente: ENOE, Senado de la República, Conapo, INEGI e Inmujeres

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