viernes, 24 de abril de 2020

Las mujeres hierberas de ayer y hoy


En la actualidad, como hace siglos, existen mujeres que venden toda clase de hierbas medicinales en las calles de la ciudad. Antes curaban males sin equivalentes en la medicina clínica… hoy son una alternativa a ésta.

Hace más de 100 años un reportero de este diario visitó el mercado de la Merced cuando éste se ubicaba muy cerca del convento del mismo nombre. En una nota publicada en 1917 describió la venta de legumbres, chiles, ranas, ajolotes y hierbas medicinales:

“Una vieja con tipo de bruja y gafas negras está rodeada de yerbas. Un olor especial de perfume invade nuestros sentidos, y un animal despedazado abre sus alas sobre la cabeza de la herbolaria: es el chincuaste, animal propicio para sanar las heridas”, relató.

Un siglo después, acudimos a este recinto comercial en búsqueda de las mujeres herederas de esta tradición y las encontramos en la zona norte de la nave mayor, construcción que data de 1957 y que está siendo parcialmente demolida a causa del incendio el pasado 24 de diciembre.

El puesto que atiende Rocío desde hace 18 años tiene de todo: hierbas frescas, hierbas secas, raíces, semillas, jarabes envasados como los medicamentos de las farmacias, lociones para limpias… lo único que no tiene son partes de animales, esas sólo bajo pedido.

Su abuela, proveniente del estado de Puebla, fue quien comenzó el negocio en el lugar. “Ella vendía en el suelo, nosotros ya tenemos un puesto”, comenta y muestra el acomodo de su mercancía en huacales y bolsas de plástico.

Aunque la descripción de la vendedora de hace 100 años y la actual es parecida, existen muchas diferencias en su práctica de curarse con plantas.
“Antes de que la medicina clínica se institucionalizara en el siglo XIX, la concepción de enfermedad era muy distinta”, comenta Haydée López, investigadora de la Dirección de Estudios Históricos del INAH.

La especialista continúa: “antes creían que los malestares físicos eran causados por “el mal de ojo”, por la influencia de los astros, o porque los elementos no estaban bien equilibrados en el cuerpo […] era una mezcla de creencias de muchas tradiciones y entre ellas estaba la herbolaria”.

En 1937 otro reportero de esta casa editorial contó que la gente compraba las hierbas para padecimientos vagos, incurables o inmedicables.

“Nosotros les llamamos síndromes de filiación cultural”, comparte la maestra Edelmira Linares, investigadora del Jardín Botánico de la UNAM y ejemplifica: “el susto, la caída de la mollera, la caída de la sombra, la vergüenza, son casos que en algunos lugares del país se siguen presentando”.

Mujeres herbolarias en 1929 y 1994. Según las entrevistadas, en su mayoría son mujeres las que atienden este tipo de negocios. Hemeroteca de EL UNIVERSAL.
Las curanderas de los pobres

Por ahí de los años 40 del siglo pasado, a los puestos de hierbas medicinalesde los rumbos de la Merced y de Jamaica acudía Soledad Lomelí. Nieta de una curandera jalisciense, ella ponía en práctica sus conocimientos para sanar a los habitantes de la recién creada colonia Gertrudis Sánchez, al norte de la ciudad.

“Eran pocas casas y no había médicos. Ella atendía partos, curaba, vendía tés, la iban a consultar cuando tenían empacho o espanto”, recuerda su hija, Georgina Lomelí.

Además de comprar, también obtenía las hierbas en los campos de los alrededores. “Nos mandaba: ‘Váyanse a la orilla del río [el de Guadalupe o el Gran Canal] y me traen tepozán y tianguis pepetla’ y ahí íbamos… especialmente en temporada de lluvias. Luego ella las ponía a secar y las guardaba”, relata la ahora médica tradicional reconocida por Pueblos y Barrios Originarios de la CDMX.

“Los hombres de ciencia menosprecian las humildes hierbas medicinales, aun así, la gente humilde, de generación en generación tienen fe en ellas. Tras cada una se refugia un mito: la fuerza con la que el pueblo nuestro se hace a lasideas mágicas que hereda de sus antepasados”, se escribió en EL UNIVERSAL el 27 de enero de 1927.Ilustración publicada en EL UNIVERSAL ILUSTRADO en enero de 1927. El conocimiento de las hierbas, para recetarlas y venderlas, usualmente es heredado de la madre, abuela o suegra, según las entrevistadas.

Los relatos sobre la venta de hierbas medicinales publicados en este diario muestran el enfrentamiento de estas prácticas curativas con la medicina. En julio de 1924, por ejemplo, se informó de grupos de profesionistas universitarios resueltos a enfrentar a la “charlatanería ambulante”: médicos sin cédula, curanderos de barrio y “rinconeras”, parteras sin estudios comprobables.

La especialista Haydée López explica que la medicina clínica, al demostrar su eficacia, comenzó a ser reconocida en una pequeña capa de la población que poco a poco se fue ampliando: “Antes la aceptación de la población a la ciencia era baja, luego fue ampliándose a causa de la educación y estrategias gubernamentales como las vacunas”, enfatiza.

“[El herbolario] es el competidor del médico entre las clases populares más azotadas por la superstición, la miseria y la ignorancia”, se escribió en EL UNIVERSAL en 1929. El reportero afirmó que, a pesar de las farmacias y droguerías, los puestos de hierbas eran imprescindibles en los mercados públicos de las barriadas.Mujer hierbera en la Merced, 1915. Mediateca del INAH.

Quien atendía el puesto era “mitad comerciante mitad curandero”, pues además de vender las plantas recetaba las dosis y los modos de curar dependiendo de lo que el cliente padecía.

“No cuentan con mostradores ni vitrinas, se distienden en el suelo con saquitos de manta”, se reportó. Además de plantas, flores y cortezas en esos puestos también se vendían fragmentos de piel de animales con propiedades curativas.Sacos de hierbas en un puesto callejero, 1927. Mediateca del INAH.

Con el tiempo, la ciencia fue ganando terreno frente a las otras prácticas curativas, “en la actualidad ya tenemos la noción de enfermedad científica dentro de la herbolaria, tenemos claro que la gripa es gripa, ahí ganó la medicina”, concluye la especialista Haydée López.
Las herbolarias actuales

En las calles del Centro Histórico de esta ciudad los comerciantes ambulantesestán preparados para guardar su mercancía en caso de que los policías hagan un rondín por la zona; hoy vender en la vía pública está prohibido.

En República del Salvador, muy cerca de la Farmacia Paris, una serie de puestos pequeños ofertan hierbas. Entre ellos está el de Verónica: apenas un cuadrito semi escondido en la entrada de una tienda de productos electrónicos. Un poco amontonados están los ramos de hierba fresca, raíces y algunas plantas envasadas que son ofertados a los curiosos y conocedores transeúntes.Puesto de Verónica en la calle República del Salvador. Es solo muestra de toda la mercancía que tiene guardada en una bodega para la venta. Foto: Susana Colin.

Aunque tenía conocimientos de herbolaria desde pequeña pues sus tías eran curanderas, ella se involucró en el negocio hasta hace 7 años, cuando al ver que sus 3 hijos se enfermaban recurrentemente y las muchas pastillas que les recetaba el médico no funcionaban, decidió probar una alternativa.

La abuela de su esposo, proveniente de la sierra norte de Puebla, ha vendido plantas medicinales en esas calles de la ciudad por 30 años. Verónica se acercó a ella para contrastar sus aprendizajes familiares. Encontró diferencias entre ambas tradiciones y fue juntando información. Además, asegura, investiga por su cuenta.

Esta nueva generación ha innovado en la presentación de los productos, asegura la comerciante: hicieron unos folletos, envasaron las plantas y diseñaron etiquetas y propaganda.Las nuevas generaciones de vendedores de hierbas han innovado en la presentación de los productos.

“Yo ya no creo en lo que creía mi bisabuela”, comparte Georgina Lomelí al recordar a su antecesora curandera del siglo XIX. Los conocimientos que ella heredó de su madre los combinó con otros aprendizajes, como cursos en la Universidad Autónoma de Chapingo, lecturas e investigaciones.

Así fue como aprendió a hacer tinturas madre: extractos de plantas en una mezcla de agua y alcohol. En la actualidad, después de 25 años de trabajo, Georgina produce cremas, geles, jabones, jarabes y tinturas madre bajo la marca Rosa de Castilla. Salud y Belleza que vende en ferias y en su casa.

Cada 8 días Georgina acude al Mercado de Sonora para surtirse de plantas. Esta construcción data de 1957 y albergó desde sus inicios a los herbolarios que vendían de forma ambulante en las inmediaciones de la Merced.

“El Mercado de Sonora tiene plantas de todo el país, los compuestos (mezclas) que venden contienen elementos de muchos lugares diferentes”, afirma Edelmira Linares, quien desde 1981 ha estudiado el comercio de estos productos.

La especialista comparte en entrevista que las plantas más vendidas han cambiado en los últimos años y acorde a los mayores padecimientos actuales: “hemos visto un aumento en las hierbas relacionadas a la diabetes y a los problemas de “nervios” que son del sistema nervioso”. Coincide con la vida actual y la inseguridad en la que nos sentimos.

A pesar del paso del tiempo la práctica de vender y curarse con hierbas persiste con algunas transformaciones de fondo. En un contexto como el de la Ciudad de México representa una alternativa de salud frente a la medicina clínica.

A la pregunta de por qué es importante preservar estos conocimientos, la maestra Edelmira Linares, además de afirmar que es dar valor a un conocimiento que ha sobrevivido por generaciones, añade:

“Para no depender totalmente de la medicina. Si dependo 100% de las pastillas que nos dan en el Seguro Social y si hay falta de esas pastillas, ¿qué voy a hacer? El costo de esas pastillas yo no lo puedo pagar, pero sí puedo pagar algunas plantas medicinales que también son efectivas, tal vez no tanto como las pastillas pero ayudarán”.

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